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 El trastorno de las digestiones pesadas, una patología muy común.

 

Image courtesy of dream designs/ FreeDigitalPhotos.net

 

 03/06/2013


La dispepsia crónica o trastorno de la digestión pesada se consideraba una enfermedad funcional, sin causa orgánica o metabólica aparente. Investigadores españoles han descubierto recientemente que eso no es así, lo que podría ser la base para el desarrollo de un tratamiento adecuado a esta enfermedad crónica.


 

 

¿Qué es la Dispepsia Funcional?

Dispepsia es el nombre científico-médico asignado al trastorno comúnmente conocido como digestión pesada. Se la define como una patología crónica, que no ocurre en un momento puntual sino que se mantiene a lo largo de los años.

A nivel global se calcula que afecta aproximadamente al 30% de la población aunque es una patología subdiagnosticada debido a que se manifiesta con síntomas poco específicos que se originan en el estómago o intestino delgado superior tras la ingestión de alimento. Los síntomas más comunes son:

  • Rápida sensación de saciedad en las comidas
  • Nauseas después de comer
  • Hinchazón abdominal
  • Reflujo con sensación de acidez y ardor
  • Gases, principalmente eructos

Estos síntomas se deben a que la pared del estómago no se relaja normalmente tras la ingestión del alimento afectando al vaciado hacia el intestino. La sintomatología de esta enfermedad es muy similar a la de otras patologías digestivas como la úlcera péptica o la gastritis, ambas asociadas con la infección por la bacteria intestinal Helicobacter pylori, también asociada con el cáncer del aparato digestivo.

A la dispepsia funcional se le ha denominado con ese sobrenombre de “funcional” porque se desconoce la causa directa que lo origina al no poder asociarla, hasta el momento, con ningún fallo estructural o metabólico reconocible.

 

Una investigación española aporta nueva y valiosa información

El trastorno de las digestiones pesadas puede llegar a suponer un problema grave de salud para quien lo padece, pues los afectados tienden a reducir el consumo de alimentos o a seleccionar los que consideran que les generan menos consecuencias. Esto puede llegar a ocasionar graves pérdidas de peso, anemias u otro tipo de deficiencias vitamínicas o carencias nutricionales.

Por ello, un grupo de investigación en Fisiología y Fisiopatología Digestiva del Instituto Vall d’Hebron de Recerca (VHIR) se ha centrado en estudiar las posibles causas de esta enfermedad.

Como se expresa arriba, hasta la fecha se consideraba una enfermedad funcional, sin causa estructural o metabólica aparente, sin embargo, este equipo español de investigadores ha descrito por primera vez, la presencia de alteraciones en la mucosa del duodeno asociadas en las personas que padecen de digestiones pesadas. Además estas modificaciones parecen ser muy similares a las que tienen los pacientes que sufren el síndrome del colon irritable, con la diferencia de que ocurren en otro emplazamiento dentro del tubo digestivo.

Los científicos también han descubierto modificaciones a nivel molecular, ya que ciertas proteínas que se ven alteradas, y éstas se relacionan con procesos inmunológicas que conducen a la inflamación de la mucosa duodenal.

Todos estos nuevos hallazgos permitirán desarrollar nuevos tratamientos más focalizados que no sólo palien los síntomas sino, siendo optimistas, quizá hagan que la enfermedad se descronifique.

A este respecto, desde 2007, los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. también están llevando a cabo un estudio internacional y multicéntrico con la finalidad de definir mejor las causas y diseñar tratamientos más eficaces para paliar esta patología tan prevalente (Más información en: www.nih.gov/news/pr/sep2007/niddk-05.htm).

 

 

Recomendaciones dietarias para el trastorno de la digestión pesada

Hasta el momento, no existe un tratamiento farmacológico aunque en algunos casos los médicos prescriben antiácidos o protectores gástricos. Por ello, se han elaborado una serie de recomendaciones para paliar los síntomas, muchas de ellas relacionadas con la dieta.

Lo principal es tener una dieta balanceada rica en fibra, evitando las comidas copiosas y ricas en gasas (reducir el consumo de alimentos fritos y de carnes rojas). Algunos alimentos son muy recomendables como la papaya o la piña por ser alimentos que favorecen la digestión y el jengibre o el aloe vera porque ayudan a reducir las náuseas y los dolores estomacales.

En cuanto a los hábitos de alimentación se recomienda comer despacio, masticando muy bien el alimento y preferiblemente en un ambiente relajado.

Otra recomendación es la de no consumir bebidas gaseosas ni chicles, para evitar tragar aire disminuyendo así la sensación de hinchazón. También se recomienda no beber demasiada agua con las comidas, ya que ésta diluye las enzimas encargadas del proceso digestivo y hace que tengan menor efecto.

Por otra parte se debería evitar el tabaco, el alcohol o el consumo de vinagre, café o picante, así como el de medicamentos fuertes que irriten la mucosa gástrica, como es el caso de los antinflamatorios o el ácido acetil salicílico.

 

Referencia: Vanheel et al. Impaired duodenal mucosal integrity and low-grade inflammation in functional dyspepsia. Gut, 2013.http://gut.bmj.com/content/early/2013/03/07/gutjnl-2012-303857.abstract?sid=06a7cdcd-08da-49a8-b787-aafe66e91a44

 

Noticia elaborada por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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