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 Ser un obeso “metabólicamente sano” también implica riesgos a largo plazo.

 

Image courtesy of Free Digital Photos / FreeDigitalPhotos.net

 

 06/12/2013

 


Está claramente demostrado que padecer obesidad predispone a sufrir otro tipo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares e incluso cáncer. Sin embargo hay un porcentaje de obesos que no muestra ninguna patología asociada. Un estudio longitudinal ha demostrado que ellos también tienen un mayor riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular a largo plazo.


 

 

¿Qué es realmente la obesidad?

La obesidad está considerada una patología per se, sin embargo, el verdadero riesgo para la salud de padecer obesidad se debe a sus posibles comorbilidades, entre las más obvias, los accidentes cardio- y cerebrovasculares.

El parámetro más empleado para determinar si una persona es obesa o no es su Índice de Masa Corporal (IMC), el cual se obtiene dividiendo el peso (kg) entre la estatura al cuadrado (en metros). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen distintas categorías en función del valor del IMC:

  • Bajo peso: IMC < 18.5
  • Normopeso: IMC entre 18.5 y 24.9
  • Sobrepeso: IMC entre 25 y 29.9
  • Obesidad: IMC > 30

 

En general, tendemos a asociar la obesidad con el exceso de peso cuando ésto no es del todo correcto. Ya en 1997, la propia OMS definió la obesidad como una “condición de exceso de grasa corporal, que afecta negativamente a la salud y al bienestar de la persona que la padece”.

Recordemos que una persona puede tener exceso de peso para su estatura, es decir, un IMC elevado por dos razones:

  • Exceso de masa grasa: sería la verdadera obesidad.
  • Exceso de masa magra: músculo y hueso. En este caso, el IMC elevado no implicaría riesgo para la salud.

 

Para definir un obeso real deberíamos analizar la composición corporal de esa persona y ver si su porcentaje de grasa supera los rangos recomendados para su sexo y edad. Pero no sólo eso, sino que la distribución de esa grasa en las distintas zonas del cuerpo tiene distintas implicaciones para la salud.

Está demostrado que la grasa depositada en la zona visceral es la que se relaciona con un mayor riesgo de enfermedad coronaria. Por ello, un parámetro indicativo de padecer una obesidad visceral es el perímetro de cintura a nivel del ombligo. Existen unos puntos de corte aceptados internacionalmente para discriminar esta obesidad abdominal:

  • Varones: perímetro de cintura a nivel del ombligo mayor a 102 cm (lo que en España equivaldría a una talla de pantalón superior a la 52).
  • Mujeres: perímetro de cintura a nivel del ombligo superior a 88 cm (lo que en España equivaldría a una talla de pantalón superior a la 44).

 

Soy obeso, ¿estoy realmente enfermo?

Dentro de las personas obesas (ya sea por IMC elevado o por exceso de adiposidad) podemos distinguir dos tipos muy claros:

  • Obesos metabólicamente enfermos: son aquellos que presentan otras patologías asociadas con el síndrome metabólico como son la diabetes mellitus tipo 2, hipertensión, colesterol elevado, triglicéridos elevados, etc.
  • Obesos metabólicamente sanos: son personas con exceso de peso y/o adiposidad cuya analítica sanguínea y presión arterial están dentro de los rangos de la normalidad. Generalmente son personas que realizan cierta actividad física habitual.

Se estima que alrededor del 30% de los obesos no muestra otras complicaciones metabólicas. En general, el término de “obeso metabólicamente sano” implicaba que esa persona no tiene mayor riesgo cardiovascular que una persona con un peso adecuado. Sin embargo, un estudio recientemente publicado desmiente dicha afirmación.

 

Aunque no haya complicaciones metabólicas en el presente, ser obeso puede implicar riesgo a largo plazo

Un reciente estudio publicado en una prestigiosa revista científica del ámbito de la salud (Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism) ha llegado a la conclusión de que, independientemente de su salud metabólica actual, tener exceso de peso (IMC elevado) implica un mayor riesgo de desarrollar diabetes o enfermedad cardiovascular en el futuro.

Los investigadores analizaron los datos del San Antonio Heart Study (Texas), un estudio longitudinal basado en población americana y méxico-americana. Se evaluó la incidencia de diabetes tipo II en 2814 participantes y la incidencia de enfermedad cardiovascular en 3.700 participantes. A todos ellos se les realizó un seguimiento durante un período entre 6 y 10 años.

Para determinar la salud metabólica, los investigadores han valorado si tenían la presión arterial alta, los niveles de triglicéridos y de azúcar en sangre elevados, si mostraban resistencia a la insulina y si su nivel de colesterol HDL era bajo (el que comúnmente se conoce como "colesterol bueno"). Tener un nivel de HDL bajo predispone a enfermedades cardiovasculares de igual forma que tener el colesterol malo (LDL) elevado. A aquellos pacientes que no tenían ninguna o sólo una de las características arriba mencionadas se les clasificó como metabólicamente sano.

Los resultados demostraron que estos obesos metabólicamente sanos tuvieron 3,9 veces mayor riesgo de padecer diabetes respecto a las personas de peso normal, incluso habiendo ajustado los datos en función de si fumaban o no. De igual forma, aquellas personas con un peso adecuado para su estatura pero que ya mostraban alguna de las patologías metabólicas mencionadas también tuvieron riesgo elevado de enfermedad cardiovascular en el futuro, aunque en menor medida (2.5 veces mayor).

En relación al riesgo de enfermedad cardiovascular, éste también estaba elevado: 3.9 veces en los obesos metabólicamente sanos y 2.9 veces en los no obesos metabólicamente enfermos.

Como ya decíamos al comienzo de la noticia, ser obeso por definición es tener exceso de grasa no exceso de peso. Por ello, sería interesante que se hiciera un estudio de similares características en el que se evaluara longitudinalmente (durante varios años) a personas que son obesas por exceso de grasa abdominal. Dado los resultados que se han encontrado con las personas con IMC elevado, seguramente estos resultados se replicaran pero es necesario que se confirme mediante evidencia científica.

 


 

La conclusión de todo lo planteado es la de siempre: debemos evitar las conductas que conduzcan al acúmulo de grasa o, mejor aún, fomentar las que la reducen como la alimentación sana y equilibrada y el ejercicio físico habitual para prevenir problemas de salud en el futuro.

 


 

Referencia: Aung et al. Risk of developing diabetes and cardiovascular disease in metabolically uhealthy normal-weight and metabolically health obese individuals. The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, Nov 2013.

 

Noticia elaborada por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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