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 Respecto a la hipertensión… ¿hemos acusado al cristal blanco equivocado?

 

Image courtesy of Mister GC/ FreeDigitalPhotos.net

 

 01/12/2014


Una revisión sobre la hipertensión ha llevado a unos investigadores estadounidenses a concluir que consumir azúcar en exceso podría potenciar la hipertensión tanto o más que la sal y, por tanto, sería un foco imprescindible a tener en cuenta en las políticas de salud pública encaminadas a la prevención de enfermedades cardiovasculares.


 

Es de sobra conocido que las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad prematura en el mundo desarrollado y que la hipertensión es, sin duda, su factor de riesgo más importante.

El control de la presión arterial es por tanto uno de los focos principales de las iniciativas promotoras de salud pública implementadas en estos países y, la mayoría de ellas, están enfocadas hacia la concienciación de la necesidad de controlar el consumo de sal (más concretamente de sodio). Sin embargo, la evidencia científica que apoya la efectividad de reducir la sal en las dietas no es todo lo contundente que debería ser y esto ha llevado a dos médicos a realizar una revisión científica al respecto.

El Dr. James J. DiNicolantonio del Departamento de Cardiología Preventiva del Saint Luke’s Mid America Hearth Instituto y el Dr. Sean C. Lucan del Departamento de Medicina Familiar y Social del Colegio Albert Einstein de Medicina, ambos en EE.UU., obviamente reconocen que un exceso de sodio en la dieta es factor conducente a hipertensión pero su revisión ha llegado a conclusiones muy llamativas: los estudios relevantes al respecto determinan que el consumo recomendado de sodio debe estar entre 3 y 6 gr/día y que el riesgo de muerte prematura aumenta tanto si el consumo está por encima de esa cifra como si está por debajo.

Volviendo a las campañas de salud pública, la mayoría hacen referencia no tanto a la cantidad de sal de mesa consumida por las familias, sino al incremento en el consumo de alimentos industriales o procesados los cuales, ya sea porque es un buen conservante o porque le da más sabor al producto en sí, suelen ser muy ricos en sodio. Ejemplo de ellos son los aperitivos o snacks, las sopas, platos precocinados, etc. Sin embargo, tal como destacan los autores del trabajo, este tipo de alimentos no sólo son ricos en sodio, sino también en carbohidratos refinados y concretamente, suelen contener elevadas cantidades de azúcares.

Esto les ha llevado a hacerse la pregunta de hasta qué punto el elevado contenido de azúcares también puede estar afectando al riesgo de hipertensión, un problema en principio no tan asociado a su consumo como puede ser el caso de la diabetes.

 

¿Qué azúcares estoy tomando?

La sacarosa o azúcar de mesa es un disacárido, lo que significa que en su composición está formado dos monosacáridos: glucosa y fructosa. La sacarosa es un ingrediente común en los alimentos procesados industrialmente, pero no es el más común empleado como otro edulcorante, sino el jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF); es especialmente común en los zumos y refrescos. Mientras que la sacarosa es 50% fructosa y 50% glucosa, este jarabe de maíz es más rico en fructosa (generalmente 55% vs. 45% si no más).

Tal como mencionan los autores, algunos estudios previos en los que se ha realizado seguimiento de personas durante meses se ha demostrado que la ingestión de dos botes de refresco azucarados (o zumos), un total aproximado de 650 ml al día, se relaciona con un aumento de la presión arterial (hasta 7.6 mmHg más para la presión sistólica y hasta 6.1 mmHg en la diastólica) y un aumento de la frecuencia cardíaca de 9 latidos más por minuto que una persona que no consume esas cantidades. En síntesis, las personas que en los que un cuarto de su consumo calórico proviene de estos azúcares tienen casi tres veces mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular.

La razón es que todo nuestro metabolismo está interconectado para permitir que todos nuestros órganos funcionen correctamente y en equilibrio, aunque no se conozcan exactamente las conexiones concretas. Lo que sí parece estar demostrado por varios estudios es que el consumo de fructosa provoca un aumento en la retención renal de sodio (evita que se excrete con la orina) lo que aumenta la presión sanguínea y, además, aumenta de la frecuencia y el gasto cardiaco que hacen que estos orgnaos requieran más oxígeno que no llega, aumenta el riesgo de muerte prematura por accidente cardio- o cerebrovascular en relación al azúcar.

Cabe recordar y destacar que la ingestión de azúcares naturalmente presentes en los alimentos, y especialmente la fructosa de las frutas y verduras, no es perjudicial sino todo lo contrario, resulta beneficioso además por muchos de sus otros contenidos como vitaminas y antioxidantes.

 

Referencia: DiNicolantonio JJ y Lucan SC. The wrong white crystals: not salt but sugar as aetiological in hypertension and cardiometabolic disease. Open Hearth, 2014; 1. doi:10.1136/openhrt-2014-000167

 

Noticia elaborada por Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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