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 Nuestros pulmones, los mejores aliados para combatir los excesos navideños

 

Image courtesy of dream designs/ FreeDigitalPhotos.net

 

 11/12/2014


Profesores de biología molecular nos explican mediante simples cálculos matemáticos, que para disminuir la grasa corporal se necesita la oxidación de los triglicéridos para lo que debe aportarse mucho oxígeno y eliminarse dióxido de carbono. La clave está en la respiración y el ejercicio aumenta la tasa respiratoria y la oxidación. 


 

La edición de Navidad de la revista científica “British Medical Journal” incluye un curioso trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) donde explican al detalle los cálculos atómicos implicados en el proceso de adelgazamiento, de pérdida de grasa corporal.

Según sus autores, los profesores Andrew Brown y Ruben Meerman, el motivo que les ha movido a realizar este trabajo es la desinformación generalizada con respecto a cómo se pierde peso llegando a escuchar ideas como que la grasa es excretada en las heces o que “se convierte” en músculo.

Tal como explican, el exceso de carbohidratos y proteína en la dieta se convierten en un tipo de grasa llamada triglicéridos; cuando una persona trata de perder peso, está tratando de metabolizar, es decir, romper o degradar estos triglicéridos pero sin romper o degradar otros componentes de nuestro organismo como los que conforman nuestro tejido muscular, óseo, etc.; es lo que vulgarmente se denomina "adelgazar perdiendo grasa y no músculo".

Los triglicéridos se componen de tres átomos: carbono, hidrógeno y oxígeno. Estas moléculas sólo pueden degradarse mediante la reacción química de la oxidación, es decir, mediante la adición de oxígeno (O2). Por ello, los investigadores decidieron seguir el camino de estos átomos de carbono, oxígeno e hidrógeno que conforman los triglicéridos desde su lugar en la reserva grasa de nuestro cuerpo, hasta su liberación. Encontraron que, para oxidar 10 kilos de grasa humana, se necesitan 29 kg de oxígeno que debe ser inhalado y esto produce un total de 28 kg de dióxido de carbono (CO2) y 11 kg de agua (H20) que debe ser excretado por los pulmones.

Según afirman los autores, son cálculos bioquímicos simples que se pueden hacer porque se conocen con bastante detalle las reacciones metabólicas que tienen lugar en nuestro organismo en el proceso de pérdida de peso; sin embargo, nadie se había planteado hacerlos previamente y los resultados son sorprendentes ya que ponen de manifiesto que son nuestros pulmones los principales órganos excretores en el proceso de pérdida de peso dado que son los encargados de la eliminación del CO2 y, en menor medida, influye la excreción del agua que se hace fundamentalmente a través de la orina y el sudor corporal. Cabe destacar que el carbono que se pierde a través de la respiración sólo se sustituye por el consumo de alimentos y bebidas.

Para ilustrar mejor el proceso, en promedio, una persona que pesa 70 kg exhala alrededor de 200ml de CO2 en 12 respiraciones por minuto. Los autores calculan que, cada respiración, contiene 33mg de CO2 (8,9mg son de átomos carbono). Por tanto, en un total de 17.280 respiraciones durante el día se librará de al menos 200 g de carbono y aproximadamente un tercio de esta pérdida ocurre durante las 8 horas de sueño.

Sin embargo, la cantidad de carbono exhalado aumenta mucho con la realización de ejercicio físico, ya que aumenta la tasa respiratoria para introducir más oxígeno y eliminar más CO2 por minuto. Para comprenden hasta qué medida llega la diferencia, si comparamos una hora de reposo en el sofá con una hora de andar rápido (trotar), la tasa metabólica de eliminación de CO2 se multiplica por 7; solo con una hora de este tipo de ejercicio moderado al día, pasaríamos de eliminar 200g de carbono a 240g.

Sin embargo, esto puede ser fácilmente compensado con una alimentación poco saludable. Para seguir con los ejemplos, los autores emplean el caso de comerse una magdalena de 100g (muffin), ya que sólo esto proporcionaría aproximadamente el 20% de la demanda total de energía diaria de una persona. Por eso, aunque se comience a realizar una actividad física regular para perder peso, esta estrategia se puede ver frustrada sólo por pequeñas cantidades de comidas si estas son muy calóricas.

La ecuación de la pérdida de peso, por tanto, nos lleva a una única solución, la que conocemos de siempre: comer menos y moverse más.

 

Referencia: Meerman R. y Brown AJ. When somebody loses weight, where does the fat go?. Feature Christmas 2014: Gastroenterological Tracts. BMJ, 2014; 349: g7257. Disponible en: http://www.bmj.com/content/349/bmj.g7257

 

Noticia elaborada por Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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