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 La comida rápida se asocia con menores resultados escolares en lectura, matemáticas y ciencias.

 

Image courtesy of stockimages/ FreeDigitalPhotos.net

 

 26/12/2014


El consumo habitual de comida basura durante la infancia y la adolescencia se asocia con múltiples problemas de salud física en el futuro. Un nuevo estudio con casi 12.000 niños demuestra que también se ve afectado su rendimiento escolar a corto y medio plazo.


 

Son incontables las publicaciones y hallazgos científicos, en distintas poblaciones del mundo, que han demostrado la asociación entre la obesidad infantil y múltiples problemas de salud en el futuro. De acuerdo con los Institutos de Prevención Estadounidenses, casi el 40% de las dietas de sus niños provienen de grasas no saludables y azúcares añadidos artificialmente a los alimentos y sólo el 21% de los jóvenes de entre 6 a 19 años comen las cinco raciones recomendadas de fruta y verdura al día.

En general, asociamos el consumo de comida rápida o comida basura, con consecuencias físicas al verse afectado directa o indirectamente a nuestro metabolismo (diabetes, hipertensión, fallo coronario, cáncer, etc.), pero no se suele indagar tanto en las posibles consecuencias psicológicas o mentales. En esto se ha centrado un nuevo estudio realizo por la Universidad Estatal de Ohio (EE.UU.).

Sus investigadores querían comprobar las consecuencias del consumo de este tipo de alimentos en el rendimiento escolar de los niños y niñas en pocos años. En el estudio han participado 11.740 escolares de educación primaria, cuyo progreso académico fue seguido desde su quinto curso hasta que llegaron al octavo (el estudio forma parte de uno mucho más amplio denominado “Early Childhood Longitudinal Study-Kindergarten Cohort” cuya traducción sería Estudio longitudinal de la infancia temprana de cohortes desde la guardería” ya que estos niños fueron seguidos desde su primera etapa de escolaridad en el curso 1998-1999, hasta su graduación).

Cuando los niños estaban en quinto, se les realizó un cuestionario de consumo de alimentos que demostró que sólo el 29% de los niños no consumió ningún tipo de comida rápida en la semana anterior a la encuesta y, para asombro de los entrevistados, un 10% de los niños informó de comer comida rápida todos los días y otro 10% afirmó consumir estos alimentos entre 4 y 6 veces en la pasada semana. El resto de los niños, el 51%, dijeron comerlos entre 1 y 3 veces en la semana anterior.

Además de la encuesta alimentaria, los niños realizaron pruebas generales de comprensión lectora, matemáticas y ciencias, adaptadas a su curso. Los resultados del estudio revelaron que los niños que consumieron comida rápida todos los días o de cuatro a seis veces a la semana tuvieron unas notas que de media eran un 20% inferiores a los niños que no comían ningún tipo de comida rápida y esto se cumplió en todos los cursos. Sin embargo, los escolares que comían alimentos poco sanos entre 1 y 3 veces a la semana también tuvieron puntuaciones más bajas en comparación con aquellos que no comían comida rápida, pero esto sólo ocurrió para las matemáticas de su octavo curso.

Según afirman los investigadores en su publicación en la revista “Clinical Peadiatrics”, estos resultados se mantuvieron similares cuando ajustaron los cálculos para tener en cuenta posibles factores de confusión como las horas de actividad física o de televisión, el consumo de otros alimentos, el nivel socioeconómico familiar y algunas características de la escuela y el vecindario de cada niño estudiado.

Las causas exactas de esta asociación entre comida basura y peores resultados escolares es desconocida aún aunque, según apuntan los autores, existen algunos estudios previos que concluyen que el alto contenido de grasa y azúcar  conduce a deficiencias en los procesos de memoria y aprendizaje y que, además por lo general, este tipo de alimentos, carecen de determinados nutrientes asociados con un correcto desarrollo cognitivo, como el hierro.

Aun así, los autores resaltan que no se debe prohibir este tipo de alimentos basura a los niños dado que la prohibición aumenta el deseo de los pequeños por este tipo de productos de forma que, cuando tengan autonomía en su alimentación, los elegirán de forma preferente. Sin embargo, como es obvio dados los resultados del estudio, la comida basura tiene que ser esporádica no habitual; se debe educar a los niños en el gusto por todo tipo de alimentos de forma que les parezca igual de apetecible otro tipo de platos más sanos.

Estos hallazgos vuelven a poner de relevancia la necesidad de controlar la alimentación de estos pequeños al menos en el ambiente escolar. Son mayoría las escuelas en todo el mundo que venden snacks, bollos, refrescos, etc. en sus cafeterías a la hora del recreo y muy pocos los planes escolares para fomentar la elección de alimentos saludables.

 

Referencia: Purtell et al. Fast-food consumption and academic growth in late childhood. Clinical Pediatrics, Diciembre 2014.

 

Noticia elaborada por Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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