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 La capacidad antioxidante de los zumos de cítricos es mucho mayor de lo que se pensaba

 

Image courtesy of tiverylucky/ FreeDigitalPhotos.net

 

 02/01/2015

 


Investigadores de la Universidad y el CSIC de Granada han desarrollado una técnica que permite afinar en la determinación de la capacidad antioxidante de los alimentos. Para comprobarlo han analizado zumos naturales y comerciales de frutas cítricas y los resultados han sido sorprendentes.


 

Científicos del Departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Granada y del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de la misma ciudad han desarrollado un método innovador para analizar la capacidad antioxidante de los alimentos. Hasta ahora, las técnicas existentes para medir esta función de los alimentos, se basaban en una simulación de la digestión que ocurre en el tracto digestivo de forma que se obtiene lo que se conoce como la fracción líquida del alimento, que es lo que realmente va a ser absorbido en el intestino delgado pero eliminando sus residuos sólidos, principalmente la fibra.

Por tanto, con las técnicas antiguas se asumía que la actividad antioxidante de la fracción sólida de los alimentos no era relevante para nuestro metabolismo puesto que nunca llega a ser absorbida sino que, directamente, pasa al intestino grueso para ser finalmente eliminada en forma de heces. Sin embargo, son innumerables los descubrimientos realizados en los últimos años sobre la importancia de nuestra microbiota intestinal: los microorganismos que habitan dentro de nuestro intestino y que nos ayudan a realizar funciones metabólicas que nuestras células no pueden realizar por si solas, como la degradación de las fibras vegetales como la celulosa.

Los investigadores de Granada pensaron que, aunque la fracción sólida de los alimentos no es absorbida, si es gestionada por las bacterias de nuestro intestino grueso que tienen capacidad de fermentar estos restos y extraer de ellos sustancias interesantes para nuestro organismo como los antioxidantes. Por ello, su nueva metodología para contabilizar la capacidad antioxidante de los alimentos tiene en cuenta ambas fracciones: la líquida que es absorbida en el intestino delgado y también la fracción sólida tras su paso por el proceso fermentativo de la microbiota intestinal; se ha denominado "respuesta antioxidante global" o GAR (por sus siglas en inglés “Global Antioxidant Response”).

La propiedad antioxidante de un alimento hace referencia a la capacidad que tienen algunos de sus compuestos de anular el efecto dañino que los radicales libres del oxígeno producen en las células de forma que alargan el tiempo que éstas pueden funcionar correctamente; es lo que se conoce también como efecto antienvejecimiento. Los radicales libres del oxígeno se producen de forma natural en la respiración de nuestras células y, al cumularse, afectan al ADN de las mismas provocando alteraciones en sus funciones o, directamente, la muerte de la célula. Además, existen factores en el estilo de vida que pueden conducir a un mayor acumulo de estos radicales como vivir en un ambiente con elevada contaminación ambiental, exponerse mucho a la radiación solar, etc.

Los compuestos antioxidantes suelen ser vitaminas o compuestos polifenólicos que se encuentran, básicamente, en alimentos de origen vegetal como frutas y verduras. Dentro de la amplia variedad de alimentos catalogados como antioxidantes, unos de los más comunes son las frutas cítricas y, en concreto, el zumo de naranja que muchas personas toman a diario en su desayuno. Por ello, estos fueron los alimentos elegidos por el equipo de la Universidad de Granada para testear su nueva técnica de medición.

Aplicaron comparativamente las antiguas técnicas de medición de la capacidad antioxidante con su nueva técnica en zumos naturales y comerciales de naranja, mandarina, limón y pomelo. Sus resultados han sido muy sorprendentes ya que los valores de capacidad antioxidante aumentan considerablemente con la nueva técnica para todos los productos testeados. Por ejemplo, en el caso del zumo de naranja natural, el valor varió de 2,3 mmol Trolox por litro (unidades de la capacidad antioxidante) con una técnica tradicional hasta 23 mmol Trolox / L con el nuevo método de GAR, es decir, la capacidad se multiplicó por diez. Además, con la ayuda de este método, los científicos también han creado un modelo matemático con el fin de clasificar los zumos de acuerdo a sus propiedades naturales y al método y materiales empleados para su almacenamiento (procesos de esterilización y pasteurización).

Según estos nuevos descubrimientos, los autores creen que las sociedades científicas y autoridades sanitarias relacionadas con la nutrición deberían revisar la capacidad antioxidante de los alimentos lo que quizá pueda repercutir también en las recomendaciones alimentarias.

 

Referencia: Álvarez  et al. Nutritional and physicochemical characteristic of commercial Spanish citrus juices. Food Chemistry, 2014; 164: 396–405.

 

Noticia elaborada por Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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