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 Desayunos fuertes y cenas ligeras ayudan a controlar los picos de azúcar en sangre en las personas diabéticas.

 

Image courtesy of Apolonia/ FreeDigitalPhotos.net

 

 01/04/2015


Investigadores de la Universidad de Tel Aviv han realizado un estudio que sugiere que para las personas diabéticas es más que recomendable aplicar el refrán popular “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”.


 

Según cifras arrojadas por la Federación Internacional de la Diabetes (FID), 387 millones de personas en todo el mundo padecen esta enfermedad metabólica lo que supone una prevalencia del 8,3%, aunque se estima que el 46,3% de los casos no están diagnosticados, es decir, que una de cada dos personas que tiene diabetes no lo sabe. Actualmente, cada 7 segundos muere una persona en el mundo a causa de esta enfermedad y la situación no tiene visos de mejorar ya que, según sus estimaciones, siguiendo el patrón de incremento de la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, en 2035 la diabetes afectará a 205 millones de personas más que en la actualidad.

Para las personas con diabetes, los aumentos repentinos de azúcar en sangre (picos de glucosa después de las comidas) pueden ser potencialmente mortales al estar implicadas complicaciones cardiovasculares. Un nuevo estudio de la Universidad de Tel Aviv publicado en la revista científica “Diabetología” propone una forma de combatir estas alteraciones: comer un desayuno rico en calorías y, por el contrario, una cena más modesta. Con esto, aseguran los expertos que se disminuye la hiperglucemia diaria global en las personas con diabetes mellitus de tipo 2. En el desayuno, la respuesta de la glucosa a la alimentación es más baja al venir de un periodo de ayuno nocturno prolongado generalmente superior a 8h, esto permite consumir una cantidad de calorías más elevada sin que la glucosa se dispare.

Aunque el estudio es bastante restringido, ya que analizó sólo a 8 hombres y 10 mujeres diabéticos de entre 30 y 70 años, sus hallazgos son relevantes. De forma aleatoria, unos pacientes fueron asignados a una dieta denominada “B” y el resto a otra denominada “D” que mantuvieron durante una sola semana:

  • Dieta B: 2.946 kilojulios (kJ) el desayuno, 2523 kj el almuerzo y 858kj en las cenas.
  • Dieta D: 858 kj en el desayuno, 2523 kj en el almuerzo, y 2946 kj en la cena.

En total, ambas dietas contenían la misma energía diaria medida pero se consumieron en diferentes cantidades y momentos durante el día. La comida más calórica incluyó dos rebanadas de pan, leche, atún, una barrita de cereales integrales, huevos revueltos, yogur con cereales; la comida más pequeña contenía rodajas de pechuga de pavo, queso mozzarella, ensalada y café.

Los participantes realizaron estas dietas en sus casas durante 6 días y el séptimo siguieron el mismo patrón de consumo pero en una clínica donde se les monitorizó en todo momento. Se les tomó muestras de sangre antes del desayuno, después de las comidas y a intervalos regulares durante todo el día. De estos análisis se extrajo los niveles de glucosa, insulina, péptido C (un componente de la insulina) y de incretina o GLP-1 (un péptido similar al glucagón que actua de indicador del metabolismo de la glucosa).

Seguidamente cada participante volvió a su normalidad alimentaria durante dos semanas y, entonces, se repitió el estudio de forma que cada uno realizó durante una semana la dieta contraria a la que siguió en la primera parte del estudio; al séptimo día se volvieron a repetir las mismas pruebas en la clínica.

Los resultados mostraron que, en todos los casos, los participantes que consumieron la dieta “B” tuvieron elevaciones de glucosa tras las comidas que fueron un 20% menores a los de las dietas “D”. Igual ocurrió con los niveles de insulina, péptido C, y GLP-1. A pesar de que ambas dietas contenían las mismas calorías, los niveles de glucosa en sangre aumentaron un 23% menos después del almuerzo en aquellos que previamente habían realizado un gran desayuno.

Según concluyen los autores del estudios, en el caso del tratamiento del paciente diabético quizá no debería centrarse tanto esfuerzo en dictar qué deben comer y poner más atención en cuándo y cuánto. Un horario de comidas estricto y una distribución desigual de las calorías, siendo más abundantes en el desayuno y comida y menos en la cena, podría resultar muy beneficioso.

 

Referencia: Jakubowicz et al. High-energy breakfast with low-energy dinner decreases overall daily hyperglycaemia in type 2 diabetic patients: a randomised clinical trial. Diabetologia, 2015. Disponible en: http://www.diabetologia-journal.org/files/Jakubowicz.pdf

 

Noticia elaborada por Noemí López Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter.

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