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 Se demuestra la asociación entre polución y niveles de vitamina E.

 

Image courtesy of dream designs/ FreeDigitalPhotos.net

 

 11/05/2015


Un estudio inglés demuestra que la exposición a partículas contaminantes de pequeños tamaño afecta a los pulmones mediante la oxidación celular. Niveles sanguíneos elevados de vitamina E protegerían los pulmones por su poder antioxidante.


 

En los últimos años ha aumentado la evidencia científica de que algunas vitaminas juegan un papel fundamental en la defensa del organismo frente a los contaminantes ambientales, cada vez más abundantes en áreas urbanas. Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores británicos del King College de Londres y la Universidad de Nottingham, ha encontrado una asociación entre la cantidad de vitamina E en el cuerpo, la exposición a la contaminación por partículas y la función pulmonar. Aunque esta investigación no ha podido demostrar un efecto protector concreto, es el primero en mostrar una clara relación entre las concentraciones de vitamina E en la sangre y la exposición a la contaminación de partículas finas en población general.

El material particulado (PM) es uno de los principales contaminantes atmosféricos que se consideran perjudiciales para la salud humana. Está demostrado que cuanto mayor es el nivel de PM en un área urbana, mayor es la prevalencia de casos de enfermedades que afectan la función pulmonar aunque, hasta la fecha, se desconocen los mecanismos fisiológicos subyacentes a esta asociación.

Este nuevo artículo de investigación publicado en la revista American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine, buscaba encontrar la relación entre la función pulmonar, un conjunto de 280 metabolitos sanguíneos y la exposición a las partículas PM10 y PM2.5 (partículas menores de 10 y 2,5 micras respectivamente). El estudio englobó 5.500 participantes a los que se les realizaron análisis sanguíneos y pruebas de capacidad pulmonar mediante espirometría, que determina la cantidad de aire que una persona es capaz de exhalar tras haber inhalado con profundamente como pueda. La exposición a las partículas contaminantes se realizó de una forma bastante ingeniosa. Se registró el lugar en el que cada participante había residido en los últimos años mediante su código postal y se comprobó los niveles de polución de esas áreas de Londres. Además, cada persona completó un cuestionario de estilo de vida, eventos médicos y dieta donde se ponía énfasis en registrar si se consumían habitualmente suplementos vitamínicos.

Los resultados revelaron 13 metabolitos asociados significativamente con la capacidad pulmonar, 8 de los cuales también se asociaron significativamente con la exposición a ambos PM2.5 y PM10. En los ocho casos, una mayor exposición a PM implicaba, en promedio, niveles más bajos de los metabolitos en sangre y menor capacidad pulmonar. Entre los ocho metabolitos identificados se encuentran dos antioxidantes bien conocidos, el tocoferol alfa que es la forma biológicamente activa de la vitamina E y un metabolito de ácido ascórbico o vitamina C conocido como treonato. Ambos compuestos han sido previamente vinculados con la función pulmonar así como la exposición a PM.

Pero la asociación más fuerte encontrada fue entre las partículas de menor tamaño y la vitamina E. Los individuos con una mayor exposición a PM2.5 tenían niveles significativamente más bajos de alfa-tocoferol y también tenía la función pulmonar inferior. Estos resultados proporcionan apoyan la teoría de que las PM atacan el tejido pulmonar mediante un proceso de oxidación mientras que la vitamina E, un potente antioxidante, ejercería un efecto protector pero se destruiría en el proceso reduciendo sus niveles en sangre.

Esta asociación pone de relevancia la necesidad de consumir suficiente cantidad de vitamina E en la dieta, especialmente en aquellas personas que vivan en ambientes urbanos expuestos a la contaminación. La vitamina E puede encontrarse de forma natural en aceites vegetales, frutos secos como las almendras, cacahuetes y avellanas, semillas como las pipas de girasol, hortalizas de hoja verde como las espinacas o el brócoli. Además existen muchos alimentos fortificados con vitamina E como los cereales de desayunos, zumos comerciales y productos de untar (mantequillas, margarinas, patés, etc.).

Las recomendaciones diarias para esta vitamina, según el Comité de Nutrición y Alimentos del Instituto Americano de Medicina (Food and Nutrition Board at the Institute of Medicine) depende de la edad y del sexo:

Lactantes:

  • 0 a 6 meses: 4 mg/día
  • 7 a 12 meses: 5 mg/día

Niños:

  • 1 a 3 años: 6 mg/día
  • 4 a 8 años: 7 mg/día
  • 9 a 13 años: 11 mg/día

Adolescentes y adultos:

  • 14 años en adelante: 15 mg/día
  • Adolescentes y mujeres embarazadas: 15 mg/día
  • Adolescentes y mujeres lactantes: 19 mg/día 

 

Referencia: Menni et al. Circulating levels of antioxidant vitamins correlate with better lung function and reduced exposure to ambient pollution. Am J Respir Crit Care Med, 2015; 191 (10): 1203-7.
 

Noticia elaborada por Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter.

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