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 ¿La insulina decide por nosotros a la hora de comer?

 

Image courtesy of chatchai_stocker/ FreeDigitalPhotos.net

 

 13/11/2015


Un nuevo estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de New York ha analizado la relación entre las dietas ricas en azúcares, la insulina, la dopamina y el centro del placer en el cerebro. 


 

En este nuevo estudio, los investigadores afirman que la insulina, que es la principal hormona que regula el metabolismo de los azúcares en el cuerpo, juega también un papel muy relevante en el metabolismo de la dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que está íntimamente ligado con la cognición y el comportamiento humano y además está implicado en los procesos de motivación, recompensa emocional y placer, control del sueño, del humor, de la atención y del aprendizaje, entre otras funciones.

La insulina, como es bien sabido, es una hormona esencial para todos los mamíferos ya que se encarga de controlar los niveles de glucosa en la sangre y su distribución a los distintos órganos, entre ellos el cerebro. El nivel de glucosa en sangre es una de las señales de nuestro organismo para detectar cuando necesita ingerir alimentos, es decir, cuándo tiene hambre o, por el contrario, cuándo se encuentra saciado.

En una serie de experimentos con roedores, los investigadores han determinado que el aumento de la insulina en sangre por una ración de comida rica en hidratos de carbono simples, puede conducir a una elevación del 20-55% de dopamina en el cuerpo estriado del cerebro, área que regula la respuesta de nuestro cuerpo a obtener una recompensa positiva. Esto se debe a que la insulina desencadena un proceso de recaptación de la dopamina y esto se traduce en que este neurotransmisor aumenta su concentración en los centros de recompensa del cerebro.

Resumiendo al máximo el proceso, al ingerir un alimento con alto contenido en glúcidos, conocidos como hidratos de carbono simples o azúcares, el metabolismo genera altos niveles de insulina y esta, a su vez, la recaptación de dopamina en el cerebro en distintas áreas, entre ellas la que genera la sensación de saciedad, bienestar y placer. La necesidad inconsciente de volver a tener esas sensaciones placenteras, podría llevarnos a elegir preferentemente este tipo de alimentos con respecto a otros más saludables.

Los investigadores alimentaron dos grupos de ratas de forma diferencial. Uno de los grupos fue alimentado con una dieta hipocalórica y, al monitorizar las ratas, comprobaron que sus cerebros tenían una sensibilidad 10 veces mayor a la insulina o, dicho de otra forma, con sólo una décima parte de la insulina que produce una rata con una dieta normal, estas ratas con dita hipocalórica ya liberaban dopamina. Resumiendo, las ratas acostumbradas a dietas bajas en calorías, alcanzaban la sensación de saciedad y placer antes, por lo que consumían menos cantidad. Por el contrario, otro grupo de ratas alimentadas con dietas altas en calorías, perdieron toda capacidad de su cerebro para responder a la insulina, por lo que no generaban dopamina, y seguían ingiriendo alimento.

Lo que el estudio parece indicar, por tanto, es este nuevo papel para la insulina como parte del sistema de recompensa del cerebro. Según esto, los roedores, y presumiblemente las personas, podrían optar por consumir alimentos ricos en carbohidratos o bajos en grasa con la finalidad inconsciente de aumentar rápido la insulina para que así se libere dopamina, que es la que genera la sensación de placer. Si esta situación se continúa en el tiempo, podría llegar a generar la insensibilidad del cerebro de forma que no se capte dopamina en el centro del placer.

A raíz de estos hallazgos los investigadores han recapacitado sobre el posible papel de esta relación azúcares-insulina-dopamina en la actual epidemia de obesidad y enfermedades cardiometabólicas ya que, si la situación de elevados niveles de insulina se vuelve crónica, por comer de forma habitual alimentos ricos en azúcares simples, el cerebro se vuelve insensible a la insulina. Eso haría que requiriera consumir cada vez cantidades mayores con el fin de obtener los mismos niveles de dopamina y ello, indudablemente, conduciría al aumento de peso, grasa corporal y podría desencadenar una diabetes o patología coronaria.

Actualmente el equipo estudia si esta insensibilidad cerebral a la insulina, producida por niveles crónicamente altos,  es un proceso que podría ser reversible o si, por el contrario, es permanente en los mamíferos.

 

Referencia: Stouffer et al. Insulin enhances striatal dopamine release by activating cholinergic interneurons and thereby signals reward. Nature Communications, 2015; 6:  8543.

 

Noticia redactada por Noemí López Ejeda (Grupo de Investigación Epinut-UCM y Asociada SEDCA) @LopezEjedaN en Twitter

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