Inicio Quiénes somos Actividades Su alimentación Conceptos básicos de nutrición Publicaciones
Noticias
Alimentos
Recetas
Agenda de actividades
Documentos de interés
Enlaces en la web
Galerías de imágenes

Volver al índiceVolver al índice

Es noticia...

 Las sensaciones personales evocadas por los alimentos, utilizadas como técnica para mejorar los hábitos alimentarios:

 
 

 23/02/2016

Nuevos estudios realizados entre 2015 y 2016, han demostrado la importante influencia de las emociones y recuerdos personales que  pueden evocar los alimentos a cada individuo, a la hora de elegir los alimentos, y con ello, en su predisposición a seleccionar una forma de alimentación más o menos saludable.

 

Para estas investigaciones, se ha empleado la herramienta de medición IAT (Test de Asociación Implícita), cuyo fin es medir el grado de asociación entre emociones y sensaciones con conceptos como en este caso los alimentos. El IAT mide la fuerza de asociaciones automáticas entre dos ideas o conceptos, los alimentos con la idea que tenemos sobre ellos, o con las sensaciones y emociones que nos pasan por la mente en el momento en el que pensamos en ellos, los recordamos,  los vemos o los olemos.

                              

Uno de los estudios en cuestión, realizó una prueba en la cual se seleccionó a un grupo de mujeres de edad y características similares a las que se les ofreció dos tipos de aperitivo para que seleccionaran de manera voluntaria uno; por un lado, alimentos más saludables; y por otro, productos más grasos y con más azúcares. Anteriormente, habían recibido una sesión de terapia en la que mediante unos ejercicios específicos, les habían anclado ideas o emociones positivas a los alimentos más saludables e ideas y emociones negativas a los menos, de tal forma que emparejaran mentalmente la sensación o idea que les habían inculcado sobre el alimento, con este en sí, para que al ver el alimento, automáticamente su mente les llevase al recuerdo de la idea de ese alimento que habían interiorizado. Estas ideas no tenían relación directa con el alimento, simplemente asociaban el alimento más graso con un mal recuerdo personal, o con algo que repudiase el individuo o desagradable para él.

Por ejemplo, existen técnicas psicológicas para que cada vez que uno recuerde las patatas fritas en su mente, en vez de recordar la sensación placentera de consumirlas, le venga a la mente la idea de algo desagradable, eliminando la apetencia por este alimento, y eligiendo por el contrario, otro más saludable.

                         

Estas asociaciones, condicionaron a las personas a descartar los aperitivos más grasos y azucarados y  elegir los saludables de manera inconsciente, es decir, la tentación pudo ser mediada y el comportamiento influenciado en gran medida. Este proceso fue más efectivo en aquellas personas quede por sí, poseen  un menor control inhibitorio o una menor capacidad de autorregulación, porque suprimieron en ellas la conducta inmediata conducida por la tentación, de elegir el alimento más graso y apetecible.

De esta manera, ha podido comprobarse el poder de la mente humana y de las asociaciones implícitas que el cerebro hace incluso de manera inconsciente, pudiendo llegar a modificar las actitudes e intenciones explícitas de un individuo (apetencia o preferencias por el alimento más perjudicial), consiguiendo un cambio en las decisión final.

 

 

Otro estudio de BioMedCentral  Psychology de 2016, investigó  la tendencia de la mente humana a elegir un tipo u otro de alimento en función del grado de distracción en ese momento, si estaba ocupado realizando otra actividad mientras consumía el alimento, o si su mente consciente  no estaba pensando en esa elección. Para ello, escogió a 90 estudiantes universitarios y de nuevo se empleó el test IAT para analizar la situación. Tenían que seleccionar un tipo de alimento, frutas y verduras o chocolate y snacks, en diferentes estados de concentración, concluyendo la tendencia a elegir alimentos más grasos  en caso de mayor distracción como viendo la televisión. En el caso de la bebida sucede de forma similar, aumentando los refrescos como bebida de elección en casos de mayor distracción, y siendo el agua la principal bebida seleccionada en condiciones normales  como acompañante de los alimentos más saludables.

 

En los casos en los que el individuo está distraído, prevalece el proceso automático e impulsivo sobre el controlado dejándose llevar y  escogiendo alimentos más grasos. En el caso de menor distracción se piensa antes en la salud a largo plazo que en el placer del momento presente.

En conclusión, podría ser interesante el empleo de estas técnicas consideradas como parte del coaching nutricional, tanto en terapias, como para preparar psicológicamente al individuo a la hora de establecer una dieta para que los cambios en los hábitos alimentarios sean más eficaces.   Mediante el entrenamiento del cerebro humano y la interiorización de asociaciones de este tipo, podrían conseguir que el sujeto  elija alimentos y bebidas más saludables inconscientemente, convirtiéndolo en un hábito dietético, y siendo un buen método de  prevención del sobrepeso y la obesidad, y enfermedades relacionadas con hábitos inadecuados de alimentación debido a un exceso de grasas saturadas, azúcares, productos procesados y refinados… los cuales tendemos a preferir por apetencia o facilidad de consumo.

 

Referencias bibliográficas:

  • Eschenbeck, H., Heim-Dreger, U., Steinhilber, A., & Kohlmann, C.-W. (2016). Self-regulation of healthy nutrition: automatic and controlled processes. BMC Psychology4, 4. http://doi.org/10.1186/s40359-016-0108-5

-          Haynes, A., Kemps, E., & Moffitt, R. (2015). Inhibitory self-control moderates the effect of changed implicit food evaluations on snack food consumption. Appetite, 90, 114–122. http://doi.org/http://dx.doi.org/10.1016/j.appet.2015.02.039

-          Haynes, A., Kemps, E., & Moffitt, R. (2015). The moderating role of state inhibitory control in the effect of evaluative conditioning on temptation and unhealthy snacking. Physiology & Behavior, 152, Part A, 135–142. http://doi.org/http://dx.doi.org/10.1016/j.physbeh.2015.09.020

Noticia redactada por Andrea Calderón García

© Fundación Alimentación Saludable · info@alimentacionsaludable.es · Tlfno: 902 012 998 · Todos los derechos reservados