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 Los alimentos congelados son más saludables de lo que creemos

 
 

 30/05/2016


Existe la creencia de que los alimentos son peores por el hecho de estar congelados, que pierden algunos de sus componentes como vitaminas y minerales e incluso que son menos saludables. Esto no es solo un mito popular que hay que desmentir, sino que en varios casos sucede justo al contrario, conservan más nutrientes y propiedades.


Actualmente este tipo de productos cobran gran relevancia en la sociedad puesto que el ajetreado ritmo de vida y los desórdenes horarios llevan a que casi 7 de cada 10 hogares empleen productos congelados semanalmente según un estudio de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA) y la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU). Estos productos suelen venir listos para su consumo tras calentarse, limpios y en algunos casos troceados o preparados.

La congelación es un proceso en el cual se somete al alimento a <18ºC en el centro del producto haciendo que el agua contenida pase de estado líquido a sólido. Ofrece una mayor estabilidad del producto y aumento de su vida útil ya que reduce la actividad del agua (Aw).

 

 

 

La  principal diferencia entre un alimento fresco y uno congelado es que el producto congelado ha sido sometido a muy bajas temperaturas produciendo la congelación de uno de sus componentes, el agua. Este proceso aumenta la vida útil del producto además de ofrecerle una mayor seguridad alimentaria sin apenas modificar ni sus características organolépticas ni su composición nutricional en la mayoría de los casos. Cuanto más rápido se produzca el proceso y a menores temperaturas, menor será la pérdida pudiendo ser de un 0% en ultracongelación. En cambio, en el caso de los alimentos frescos según el proceso que sigan desde su recolección hasta la puesta en venta, podrían verse deteriorados o disminuir su valor nutricional.

Este hecho no significa que se recomienden los alimentos congelados frente a los frescos, pues no en todos los casos conservan más propiedades ni  tienen mayores beneficios que los frescos. Los principales alimentos que tras el proceso de congelación mantienen sus características son: la carne, el pescado, bolsas de menestra de verduras, de cebolla cortada, guisantes, judías verdes… No estaríamos incluyendo alimentos procesados o preparados listos para su consumo tras recalentarse, puesto que este grupo contiene gran cantidad de sales y aditivos además de mayor aporte de grasas para conferirle un sabor más agradable. En este grupo encontraríamos por ejemplo los fritos como patatas fritas, croquetas, pizzas congeladas…

                        

La explicación de que estos productos sean más baratos normalmente, no es otra más que como se recolectan o adquieren durante todo el año, provienen de épocas de abundancia donde la oferta es mayor, mejorando la relación calidad-precio.

Varios estudios, entre ellos el de la Universidad de Western Sydney han hecho una comparativa de alimentos frescos y congelados y un análisis de su composición. Como resultados principales han encontrado que tanto el hierro de la carne (congelada menos de 12 meses) como la vitamina C de las frutas y las verduras se conserva mejor en alimentos congelados llegando a ver en el caso de la vitamina C incluso el doble. Además se ha encontrado mayores cantidades de betacaroteno (x4 en el caso del brócoli y x2 de la zanahoria), luteína (x3 en zanahorias), antocinaninas y otros polifenoles en las verduras congeladas respecto a las frescas. En cambio hubo niveles levemente mayores  de calcio y potasio en los alimentos frescos.

 

    

En el caso de los pescados, existe la creencia de que es mejor comprarlo fresco y congelarlo en casa en vez de comprarlo congelado directamente. No siempre es así, puesto que la congelación en casa se hará a mayor temperatura y en algunos casos de forma deficiente o incorrecta, lo cual comprometería la seguridad alimentaria si no se sabe hacerlo de forma adecuada.

Los alimentos congelados están presentes cada vez más de manera cotidiana en nuestra dieta ofreciendo una variada gama de productos con una adecuada composición nutricional y organoléptica, siendo fáciles de adquirir, preparar y consumir. La elección del consumo de los mismos puede ser muy socorrida alternando siempre con alimentos frescos. Esta combinación será adecuada para alcanzar los requerimientos de una dieta variada y saludable. Aún así, siempre será recomendable observar el etiquetado tanto en la composición nutricional como en la lista de ingredientes para una mejor elección de aquellos sin sales ni aditivos añadidos.

Noticia redactada por Andrea Calderón García

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