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 La falta de sueño, un factor de riesgo de la obesidad

 
 

 04/07/2016


La horas que dormimos diariamente y la calidad del sueño, afectan más allá de lo que pensamos. Alteraciones en el sueño son consideradas un factor de riesgo para el sobrepeso y la obesidad, especialmente en los niños.


Según el Instituto del Sueño, el Sueño es una parte integral de la vida cotidiana, una necesidad biológica que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento. La privación voluntaria del sueño puede precipitar enfermedades como la diabetes tipo II, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, metabólicas, hormonales, inmunológicas y psiquiátricas.

Los miembros del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) de España han realizado diversas investigaciones sobre como la alteración del sueño, especialmente su falta, aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad en niños. A la inversa, la obesidad aumenta el riesgo de una mala calidad del sueño puesto que está relacionada con apneas del sueño, ronquidos e insomnio. Es un círculo vicioso en el que solo con una buena alimentación, ejercicio físico y hábitos adecuados como dormir las horas suficientes o regular los horarios de las comidas, podríamos combatirlo.

                                  

Cabe añadir, que la obesidad es fruto del sedentarismo de los niños. Viven en un mundo virtual frente a televisores, ordenadores, y cualquier tecnología, las cuales no solo fomentan la falta de ejercicio sino que también alteran el sueño negativamente debido a las radiaciones que emiten, fomentado la ganancia de peso. Las personas que duermen peor tienen menos probabilidades de ser físicamente activas porque se encuentran más cansadas y gastarán menos energía.

La falta de sueño interacciona con los mecanismos reguladores del hambre y del apetito, derivando en que las personas, no solo niños, que duermen menos tienden a comer más y de peor calidad.  Dormir menos de 5 horas al día, como sucede en una gran proporción de trabajadores en España, disminuye la hormona encargada de la saciedad, la leptina, y aumenta la concentración de la hormona que nos abre el apetito, la grelina, fomentando la sobrealimentación de alimentos ricos en azúcares y grasas saturadas, altos en calorías.

En un estudio epidemiológico en  1031 niños de 5 años de edad media, se extendió a 10 horas de media el sueño en la mitad de ellos, y se redujo a 6 horas en la otra mitad. El cociente grelina/leptina aumentó hasta un 78% en la restricción comparada con la extensión del sueño. Un estudio realizado por la Cohorte de Sueño de Wisconsin, corroboró esta información.

     

Según los psicólogos del Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud, Unidad Santo Tomás, los trabajadores de zonas urbanas en España tienden a dormir solamente entre 5 y 6 horas, cuando serían necesarias un mínimo de 7 horas, siendo más recomendable aún 8 horas al día.

Los datos coinciden con que existe mayor porcentaje de sobrepeso y obesidad en las zonas urbanas. Estos individuos además de tener alterados los ritmos circadianos y las hormonas reguladoras del hambre, presentan niveles mayores de cortisol en sangre, hormona implicada en la respuesta al estrés que provoca un aumento en la inflamación, y peor metabolismo de la glucosa aumentando la resistencia a la insulina. Es importante señalar que la obesidad es un estado inflamatorio del organismo, por lo que situaciones de estrés aumentan el riesgo.

Durante el día, especialmente en la primera mitad, necesitamos mayor aporte energético puesto que además de que tenemos más actividad, nuestro organismo se encuentra más activo. A medida que se acerca la noche, las funciones fisiológicas disminuyen y requerimos menor aporte calórico. Acostarse tarde y dormir pocas horas, propicia conductas obesogénicas, el consumo de mayor cantidad de energía en las horas del día que menos lo necesitamos y que metabolizaremos peor, desembocando en un aumento de peso.

 

La existencia de la conexión entre la falta de  horas de sueño y la obesidad está confirmada, pero siguen necesitándose investigaciones más detalladas que aporten información aún más precisa. Desde la prevención, es importante icnulcar desde pequeños hábitos de sueño adecuados, horarios regulares y un mínimo de horas adaptadas a la edad.  En un futuro cercano, la regulación del sueño, el estrés y los horarios podrían ser el blanco de los tratamientos clínicos de la obesidad, junto a la alimentación y la actividad física.

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Referencias bibliográficas:

-          Theorell-Haglöw, J., & Lindberg, E. (2016). Sleep Duration and Obesity in Adults: What Are the Connections? Current Obesity Reports, 1–11. http://doi.org/10.1007/s13679-016-0225-8

-          Olavarrieta-bernardino, S., Bueno, A. V., Bernardino, S. O., & Mendoza, J. F. (2016). Sueño y estrés : relación con la obesidad y el síndrome metabólico Sueño y estrés : relación con la obesidad y el síndrome metabólico. Revista Espanola de Obesidad 5(2):77-90

Noticia redactada por Andrea Calderón

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