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 Nueva información en el etiquetado de un alimento: cómo quemarlo con ejercicio

 
 

 03/10/2016

 


EL etiquetado de los alimentos es el medio de comunicación existente entre la industria alimentaria y el usuario. Saber leer la etiqueta puede suponer la diferencia entre incluir alimentos saludables y con una buena composición nutricional en nuestro carro de la compra o escoger los alimentos más calóricos con mayor cantidad de grasa saturada y azúcares sin apenas saberlo.


 

El etiquetado tiene la capacidad de confundirnos puesto que prestamos más atención a la letra grande o a la publicidad que se da al producto que a su valor nutricional o la lista de ingredientes. Por ejemplo, en el caso de muchas galletas y cereales de desayuno, es característico ver en su envase figuras, imágenes o frases que nos dan a entender que son saludables y óptimos para la dieta, pero eso no significa que realmente lo sean. Es más, pueden llegar a tener peor composición y valor nutritivo que otros productos similares que aparentemente pensamos que son menos saludables. Tendremos que comprobar la lista de ingredientes y la tabla de composición nutricional para asegurarnos. La forma más fácil y rápida de leer el etiquetado la podemos encontrar en el post publicado el 21 de julio en esta web.

La legislación europea obligará a indicar la composición nutricional en todos los alimentos desde el 13 de diciembre de este mismo año. Todos los alimentos envasados deberán tener su etiquetado nutricional con las calorías por 100 gramos o 100 mililitros, contenido en grasas, proteínas e hidratos de carbono especificando azúcares y la sal. Además de manera voluntaria se adiciona información sobre la fibra, vitaminas y minerales y tipos de grasa (saturada, monoinsaturada o poliinsaturada). 

                            

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha aprovechado este momento para proponer la adición de un nuevo dato informativo en la etiqueta: la AFE (Actividad Física Equivalente). No es la primera vez que se propone esta idea, otras sociedades médicas y organismos sanitarios públicos son partidarios de incluir la AFE en el etiquetado.

La AFE ayudará a asociar de una manera rápida el contenido calórico de los alimentos y la actividad física aconsejada para ``quemar sus calorías´´. Esto no es matemático, bien sabemos que cada persona según sus características fisiológicas, peso, talla y constitución quema las calorías de diferente manera y a diferente velocidad. Por otro lado, la activación del metabolismo y el gasto calórico no es tan sencillo, primero se deben agotar las reservas de glucógeno antes de comenzar con la movilización de las grasas, y para ello, es necesario al menos 20-30minutos de ejercicio aeróbico.

El fin de esta propuesta no es ser una ciencia exacta que indique que necesitas 30 minutos de bicicleta para quemar un bollo, sino  sensibilizar a la población sobre el contenido calórico de los alimentos especialmente de aquellos que tienen un alto valor energético con una baja densidad de nutrientes, es decir, alimentos con muchas calorías pero poco aporte nutricional como la bollería industrial, precocinados o o comida rápida,  ricos en azúcares y grasas saturadas.

                   

 

El doctor Moreno, miembro del área de Nutrición no obstante afirma que: ``La AFE de un alimento no debería llevarnos al error de simplificar sobre el hecho de que el consumo de cierta cantidad de un alimento puede ser neutralizado mediante una actividad física preestablecida´´.

La AFE sería una herramienta visual de símbolos o un pictograma para fomentar la práctica de ejercicio físico y reducir el consumo de alimentos hipercalóricos cuyo consumo debería ser moderado y ocasional. A la hora de elegir por ejemplo, algún capricho ocasional o acudir a restaurantes de comida rápida, esta información podría ser determinante a la hora de escoger entre un alimento más graso y azucarado u otro más saludable, puesto que al ver el enorme esfuerzo que supondría quemarlo, cambiarían de opinión.

                        

No es una iniciativa que pretenda limitar la elección de los alimentos a su consumo calórico ya que bien sabemos que no es lo único que importa, el contenido en azúcares simples o grasas saturadas es fundamental. No es lo mismo tomar un cruasán o su equivalente calórico en frutos secos. El cruasán tiene 12 gramos de grasas saturadas y 12g de azúcares frente a los 3,5 gramos de saturadas en los frutos secos y 1,3g de azúcares, además de su mayor contenido nutricional en vitaminas y minerales.

 

                                     

Otros métodos de símbolos se utilizan ya en Reino Unido como el semáforo que indica mediante el color rojo, amarillo o verde, la cantidad de sal, azúcares y grasas saturadas global del alimento. En Francia, cuarenta supermercados están probando durante 10 semanas con un Nutri-score de colores según el contenido calórico del alimento, siendo el verde el más saludable y el rojo el más calórico, para comprobar si influye en la elección a la hora de la compra en la población general.

Noticia redactada por Andrea Calderón

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