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 El nuevo consumidor es más exigente y ello requiere adaptación por parte de la industria:

 
 

 21/11/2016

Actualmente nos movemos en un mundo lleno de publicidad sobre la alimentación, constantes nuevas modas sobre dietas, alimentos ecológicos libres de aditivos, blogs en internet, foros de nutrición… Todo ello conlleva a un mayor interés por parte de los consumidores sobre lo que comen y cómo elegir los alimentos más saludables, pero por otro lado, un aumento en el número de mitos y falsas creencias sobre la nutrición.

 

Un estudio reciente de este mismo año de la Patronal Francesa, hizo una encuesta a gran escala para preguntar sobre la percepción de la alimentación en el consumidor y los puntos clave que más les importaba a la hora de elegir su compra (60% hombres y 40% mujeres). Se concluyó que los aspectos más importantes son: frescura, sabor, composición, origen, precio, marca y etiquetado. Ninguno aludió a la seguridad alimentaria entre los factores más importantes. El motivo es que hace unos 15 años  la Seguridad Alimentaria era el punto más importante para el consumidor, pero gracias a los avances tecnológicos estos últimos años se ha depositado la confianza en la industria en este aspecto. Además, algunos de los fraudes sucedidos como la famosa carne de caballo de Ikea no etiquetada como tal, han promovido cambios en la Reglamentación Europea tanto en seguridad alimentaria como en la competencia desleal. Gracias a ello, se creó un nuevo sistema de detección del fraude en Europa: Foodnetwork, aunque todavía falta una legislación específica de fraudes alimentarios. La ley que sí se aprobó fue la Ley de la Calidad Alimentaria para reducir esta competencia desleal, cuyos perjuicios recaen finalmente en el consumidor.

                              

La atención actualmente se centra en la composición nutricional, el proceso que ha sufrido el alimento y su origen. La desconfianza recae  en la veracidad del etiquetado, los fraudes alimentarios, los enmascaramientos de ingredientes y los mensajes publicitarios confusos y engañosos tan presentes en los envases de los alimentos procesados. Los consumidores demandan una mejor información nutricional fácilmente descifrable en los envases para no caer en confusiones o juegos publicitarios. Para ello, según el presente estudio, declararon necesidad de mayores controles en el etiquetado de los alimentos.

La información que más se observó que echaban en falta fue el origen debido a las alarmantes noticias sobre los alimentos que provienen de algunos países de otros continentes cuya legislación y controles son totalmente diferentes, y les genera desconfianza sobre su calidad. Después, se centraron en la información más clara sobre los ingredientes reales presentes en los productos, como por ejemplo, el tipo de grasa empleado, que a menudo queda restringuido a: grasas o aceites vegetales, sin especificar si es aceite de oliva o palma y palmiste. Uno de los primeros cambios en el marco legal radica en el reglamento de declaraciones nutricionales y saludables. Hace no tanto tiempo, una empresa podía denominar como `light´a su producto sin cumplir unos requisitos, o asegurar que un alimento prevenía una enfermedad, sin bases sólidas científicas que lo avalen. Todavía no se sigue esta ley en el 100% de los productos, nos encontramos en la época de transición en la cual lo más recomendable sería comprobar por nosotros mismos si la declaración de reducción de riesgo de una enfermedad está demostrado.

                                

Las nuevas estrategias de la Industria Alimentaria se centran en mejorar la calidad de los productos enfocados a un consumidor con una mayor tasa de obesidad y enfermedades crónicas junto a una esperanza de vida más alta. Desde el siglo XX, la esperanza de vida en Europa ha aumentado en 40 años, situándose la media en 85 años, y acompañándola  se ha disparado la tasa de obesidad y complicaciones asociadas.. Otro nuevo reto que va asociado es el de nuevos alimentos con un mejor equilibrio calórico para controlar la nueva epidemia del siglo XXI y satisfacer la demanda tan creciente de alimentos light o `bajos en´.

La educación nutricional está en auge, y por consiguiente, la mejora de la composición nutricional de los alimentos se ha convertido en un aspecto fundamental para estar a la altura de las necesidades de esta nueva era. Nuevas investigaciones están abriendo caminos a esta transformación de los alimentos aunque todavía es necesario un impulso mayor, basado siempre en evidencias científicas y limitados por el marco legal. Es un ámbito muy complejo ya que las nuevas tecnologías han introducido componentes y procesos complejos como pulsos de luz eléctricos, nanoalimentos, alimentos irradiados… que debido a la falta de conocimiento por parte del consumidor y la falta de armonización en la legislación entre diferentes países, aún no son del todo aceptados.

 

Los consumidores cada vez saben más sobre lo que comen y descubren más sobre el etiquetado y lo que realmente están comprando, conocen aspectos como que: los productos light no siempre son más saludables, a veces un producto bajo en grasa mejora su palatabilidad añadiendo azúcares simples, los productos que parecen más saludables tienen letra pequeña y los alimentos que venden como mejores para adelgazar esconden más de lo que creemos. La formación nutricional está llegando cada vez a más población y gracias a ello, se está volviendo más exigente y convirtiéndose en  el nuevo reto de la industria alimentaria.

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