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 Loa edulcorantes artificiales, sin calorías pero pueden ser problemáticos:

 
 

 26/12/2016


El consumo de bebidas light y cero aumenta cada vez más mientras disminuye el de los refrescos con azúcar. Por supuesto, de hace ya mucho tiempo tenemos claro los perjuicios del azúcar que reside en cantidades alarmantes en los refrescos, pero lo que no estaba tan claro es que los edulcorantes que lo sustituyen podrían dañar también al organismo y sobre todo, que no ayudan a controlar el peso y la diabetes, fin para el que suelen recomendarse.


Cuando una persona quiere perder peso o necesita controlar la diabetes, eliminar el azúcar añadido de la dieta y sustituirlo por edulcorantes parecía evidente. Cada vez hay mayor convicción de que controlar el consumo de alimentos con azúcar añadido en lugar de sustituirlos por edulcorados, podría ser una solución más efectiva a largo plazo. Según la OMS, una persona adulta no debería excederse de 50 gramos de azúcar diarios, aproximadamente el 10% de su ingesta energética diaria, sin contar el proveniente de frutas y verduras; en España este dato tiende a estar más cerca del 20% que del 10%. Es un dato alarmante pero lo que no está del todo claro es que optemos por las mejores soluciones. Quizá fuese más recomendable optar por otros cereales u opciones de desayuno menos azucaradas por ejemplo, que tomar el mismo producto en su versión edulcorada.

                                          

Por otro lado, el consumo de refrescos de cola en el año 2015 según el Informe de consumo del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, fue de un 24,7 % en bebidas normales azucaradas y de un 19,2 % de bebidas light y cero. Estas últimas han aumentado un 4,7% este año además de aparecer nuevas versiones en el mercado de otras bebidas edulcoradas como de sabor limón o naranja sin azúcares.

 

Un nuevo estudio publicado en la revista Plos One es claro con su conclusión: ``El uso de edulcorantes de bajo contenido calórico está asociado de forma independiente con más peso y una mayor prevalencia e incidencia de obesidad abdominal´´.

Los Investigadores del Instituto Nacional de Envejecimiento de EEUU no han encontrado una asociación entre el gran aumento del consumo de productos edulcorados en su país y disminución de la tasa de sobrepeso y obesidad, al contrario, han seguido creciendo. Para el estudio, contaron con 1454 participantes a los que hicieron un seguimiento de 10 años de media, desde 1984 hasta 2012.

Resultados: un índice de masa corporal (IMC) más elevado en las personas consumidoras de edulcorantes habitual, casi tres centímetros más de circunferencia abdominal y un 36,7% de prevalencia de obesidad abdominal, la forma más peligrosa de acumular grasa porque es la que está más asociada a un aumento del riesgo cardiovascular.

Este estudio no es determinante puesto que es observacional y necesitaría hacerse una investigación más profunda de seguimiento, pero no es el primero que concluye resultados similares.

                                           

 

Teorías:

Las teorías que se barajan principalmente son que el hecho de tomar un alimento con dulzor pero sin calorías engaña a la mente alterando los sistemas o circuitos de recompensa del cerebro (activados tras recibir azúcar), haciendo que necesite más cantidad de calorías para saciarse, las cuales tienden a provenir de alimentos más altos en energía, aumentando la ingesta calórica y en consecuencia, el peso.

Otros estudios similares, relacionan también este problema con la fructosa, que hasta ahora se recomendaba a diabéticos porque no se sabía que potenciaba la secreción de insulina de forma parecida a la glucosa. Lo que está claro es que existen otras vías aparte de la glucosa que activan las células beta-pancreáticas y por consiguiente la secreción de insulina.

También encontramos el ``efecto halo´´ que explica que el hecho de pensar que estamos tomando algo bajo en calorías nos incita a consumirlo en mayores cantidades sin sentimiento de culpa porque creemos que consumimos un alimento más saludable y que no nos engordará.

Actualmente se está estudiando otra teoría que relaciona este aumento de peso con una modificación del microbiota intestinal que tiende al sobrepeso y a una peor tolerancia a la glucosa, como se vio en un estudio de ratones a los que se administraba sacarina de manera repetitiva. Esta investigación realizada por el Weizmann Institute of Israel sostiene que el consumo de algunos edulcorantes artificiales (sacarina, sucralosa y aspartamo) promueve en determinadas personas una peor tolerancia a la glucosa, lo cual puede ser la primera fase prediabetes y una complicación asociada al síndrome metabólico. Por otro lado, existen otros expertos en la materia que afirman que aún no existen suficientes datos para afirmar nada y que las cantidades diarias permitidas de edulcorantes no dañan a la salud.

Como conclusión, bien sabemos que excesos de azúcar, grasas saturadas y sales no son beneficiosos para la salud, por lo que moderar el consumo de refrescos con o sin azúcar, controlar la cantidad de azúcar o edulcorante que se eche al café o la leche y no abusar de alimentos procesados, bollería, cereales o galletas de desayuno ricos en azúcar o edulcorantes, altos a su vez en grasas saturadas, será una buena pauta para cuidar la alimentación y seguir un estilo de vida mediterráneo, mientras estamos a la espera de datos más concluyentes.

 

Referencias bibliográficas:

* Nakagawa, Y., Nagasawa, M., Yamada, S., Hara, A., Mogami, H., Nikolaev, V. O., … Kojima, I. (2009). Sweet Taste Receptor Expressed in Pancreatic β-Cells Activates the Calcium and Cyclic AMP Signaling Systems and Stimulates Insulin Secretion. PLoS ONE, 4(4), e5106. http://doi.org/10.1371/journal.pone.0005106

* Kyriazis, G. A., Soundarapandian, M. M., & Tyrberg, B. (2012). Sweet taste receptor signaling in beta cells mediates fructose-induced potentiation of glucose-stimulated insulin secretion. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 109(8), E524–E532. http://doi.org/10.1073/pnas.1115183109

* Green, E., & Murphy, C. (2012). Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers. Physiology & Behavior, 107(4), 560–567. http://doi.org/10.1016/j.physbeh.2012.05.006

* Masubuchi, Y., Nakagawa, Y., Ma, J., Sasaki, T., Kitamura, T., Yamamoto, Y. Shibata, H. (2013). A Novel Regulatory Function of Sweet Taste-Sensing Receptor in Adipogenic Differentiation of 3T3-L1 Cells. PLoS ONE, 8(1), e54500. http://doi.org/10.1371/journal.pone.0054500

Noticia redactada por Andrea Calderón García

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