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 Una dieta a base de alimentos naturales, la verdadera prevención frente al Síndrome Metabólico desde niños

 
 

 20/11/2017

El Síndrome Metabólico es cada vez más común desde edades más tempranas. Está aumentando el número de casos de niños con sobrepeso y obesidad, hipertensión e incluso dislipemias y desregulación de la glucemia en sangre. Patologías que se asociaban únicamente a ``la edad adulta´´ están adelantándose de forma vertiginosa y tiene una explicación.

Los hábitos alimentarios y de actividad física habitual se han modificado notoriamente en los últimos años y ha pasado factura al organismo de los más pequeños. El boom de los alimentos ultraprocesados de baja calidad nutricional que llenan los supermercados con mensajes que tienden a confundir al consumidor, la falta de tiempo o las prisas, la publicidad que nos lleva a creer que estamos comprando un alimento saludable cuando realmente no sabemos lo que estamos comiendo… Han contribuido de forma directa a empeorar la calidad de la alimentación de niños y mayores.


El Síndrome Metabólico es un agrupamiento metabólico de diversos factores de riesgo como: hiperglucemia, obesidad, hipertensión arterial, dislipemias (hipercolesterolemia, triglicéridos altos)… que se asocian a un mayor riesgo de problemas cardiovasculares.


                               

Una revisión científica publicada el mes pasado en Journal of Pediatrics Review ha sintetizado los resultados obtenidos en diversidad de estudios que relacionan la dieta inadecuada con la mayor prevalencia del Síndrome Metabólica desde la infancia y adolescencia. La conclusión fue clara: una dieta saludable basada en alimentos naturales como: fruta, verdura y hortalizas, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos, carne sin procesar y lácteos de calidad es la alimentación que podría ayudar a la prevención de todas estas complicaciones. Siempre por supuesto, junto a la práctica de actividad física habitual. Por el contrario, el modelo de dieta occidental altamente prevalente en nuestra sociedad es aquel que promovía estos perjuicios en la salud.

Un claro ejemplo de esta alimentación podría ser el patrón de dieta mediterránea del cual nos alejamos cada vez más en los países occidentales; u otros tipos de dietas basadas en esta forma de alimentación. El principal problema reside en cuando introducimos gran variedad de alimentos ultraprocesados en nuestro día a día que solamente aportarán calorías de baja calidad y no contendrán apenas nutrientes.

Estos productos ultraprocesados serían aquellos:

  •  Ricos en grasa refinadas o procesadas industrialmente como: grasa de palma, palmiste y coco o cualquier otro tipo de grasa refinada como: aceite de girasol refinado, de soja… Que habrán perdido la mayoría de sus nutrientes.
  •  Altos en azúcares añadidos o libres, que fomentarán que superemos con creces los límites máximos de la OMS en consumo de azúcar diario. Actualmente en niños se limita a 17 gramos/día, estableciendo la premisa de que ``cuanto menos, mejor´´. Si consumimos a diario este tipo de alimentos, será difícil no sobrepasarlo.
  •  Compuestos por harinas refinadas y bajos en fibra. Una problemática actual común es creer que un producto es integral cuando realmente es harina refinada o blanca a la que han adicionado un pequeño aporte de fibra. Por ejemplo, en el caso del trigo, utilizan harina refinada de trigo y adicionan ``salvado de trigo´´ o ``germen de trigo´´ en un porcentaje menor.
  • Altos en sal: los productos ultraprocesados ya sean salados o dulces son muy altos en sal. Debemos tener en cuenta que en un alimento dulce, añadir un poco de sal potencia su sabor dulce.
  •  Altos en aditivos.
  •  Bajos en nutrientes útiles como serían: cereales realmente integrales, aceites o grasas vírgenes...

                                      

 


En España, la media de consumo de azúcar diario se encuentra en torno a 112,2 gramos según los datos de la AECOSAN. Este azúcar no solo proviene del azúcar con el que endulzamos un café o un yogur, sino del contenido en productos ultraprocesados que no esperamos que contengan cantidades descomunales.


                                           

No todos los alimentos procesados son perjudiciales, pero es importante aprender a distinguirlos mediante la lectura del etiquetado nutricional dejando a un lado la publicidad o los titulares sobre él. Por ejemplo, en un alimento tan sencillo como el yogur, podríamos estar comprando un verdadero yogur saludable (con solo 3 ingredientes) o un producto lácteo rico en azúcares, grasas añadidas... que empeoraría su composición.

Una dieta global saludable es fundamental en la promoción de la salud y debe ser una premisa fundamental de la educación nutricional desde las primeras etapas de la vida. Se ha comprobado como la alimentación que lleva un niño desde pequeño influirá en sus etapas futuras y el riesgo de padecer unas u otras enfermedades años después. Además, los hábitos alimentarios se conforman desde pequeños por lo que comenzar con una buena educación en la alimentación saludable será un factor determinante de su salud futura.

Algunos de los estudios aclaraban que es más importante centrarse en el conjunto de los alimentos que va a consumirse habitualmente que en algunos de los nutrientes por separado, por ejemplo, centrar nuestra atención en consumir suficiente omega-3 o vitamina D en lugar de en la dieta completa. A fin de cuentas, una dieta basada en las características mencionadas anteriormente contribuye a que no haya ninguna carencia nutricional y se cumplen los requisitos de todos los nutrientes de forma óptima.

 

Referencia bibliográfica:
 - Zahra Akbarzadeh, Mojgan Nourian, Silva Hovsepian et Roya Kelishadi. Dietary Patterns and Metabolic Syndrome in Children and Adolescents: A Systematic Review. J Pediatr Rev, 2017 Oct.  DOI: 10.5812/jpr.11656.

Noticia redactada por Andrea Calderón, dietista-nutricionista.

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