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 La adicción a los ultraprocesados, un problema real

 
 

 26/12/2017

La adicción a los productos ultraprocesados existe y es un problema que debemos resolver.

Cuando buscamos mejorar nuestra alimentación, someternos a nuevas pautas nutricionales para perder peso o mejorar algún parámetro como el colesterol o el azúcar en sangre… no todos obtenemos los mismos resultados ni somos capaces de adherirnos igual a las recomendaciones dietéticas. En muchos casos, las personas tienen una adicción a la comida, especialmente a los productos ultraprocesados, que interfieren en el seguimiento de una dieta sana y que deben tratarse de forma simultánea para conseguir nuestros objetivos.

Es fundamental que cada uno de nosotros con ayuda de un profesional sanitario cuando se requiera, seamos capaces de detectar si tenemos adicción a este tipo de productos o estamos tan acostumbrados a incluirlos en nuestra dieta diaria que somos incapaces de prescindir de ellos o acabamos cayendo en consumirlos. Por supuesto que de vez en cuando pueden apetecernos e incluso podemos tomarlos de forma ocasional sin que suponga un riesgo para la salud; el problema es cuando no sabemos desprendernos de ellos, sentimos necesidad o creemos no tener fuerza de voluntad suficiente para eliminarlos de nuestras despensas.

A día de hoy, es un área que está muy poco estudiado, aunque cada vez son más los proyectos que se centran en investigar sobre la adicción a estos productos y las posibles alternativas para tratarlos, ya que al igual que cualquier otra adicción, existen métodos para solventarla.

                                 

Los productos ultraprocesados, altos en azúcares añadidos, grasas procesadas industrialmente, harinas refinadas, sal, aditivos… se han convertido en habituales en las cocinas, e incluso se ha llegado a creer que son saludables por su publicidad y los mensajes confusos que nos transmiten. Por todo ello, en una sociedad en la que tenemos cada vez menos tiempo para cocinar o planificar nuestra alimentación, han pasado a ser parte de nuestro día a día: en el desayuno, en los snacks de media mañana o de merienda, como postre, como alternativa cuando nos reunimos a tomar algo…

Son un claro factor que contribuye al ambiente obesogénico en el que vivimos hoy en día y que está perjudicando desde la primera infancia y la adolescencia. El problema no reside solo en el claro riesgo para la salud, sino también en la adicción que nos provoca que hace que los consumamos aún más y que no seamos capaces de desprendernos de ellos con facilidad.

 

                      

 

Uno de los primeros pasos para mejorar nuestros hábitos alimenticios reside en su sustitución por alimentos saludables y naturales que deberían ser la verdadera base de nuestra alimentación. La teoría es clara pero no siempre es fácil aplicarla, y por supuesto, no es igual para todo el mundo. También es cierto que nuestro entorno no lo favorece. Si buscamos evitarlos pero salimos a tomar algo, vamos de cumpleaños, a hacer la compra… nos rodeamos de ellos por todas partes.

La adicción a la comida no tiene un diagnóstico clínico establecido pero síntomas asociados como: antojos, síndrome de abstinencia, necesidad constante de consumir determinados alimentos y ansiedad si no lo hacemos, pueden ser indicativos. Esta adicción puede darse con cualquier tipo de alimentos, pero cierto es que suele relacionarse con aquellos más altos en azúcares, grasas y aditivos; justamente aquellos que más deberíamos evitar. Ello se debe a que son capaces de activar el área mesolímbica de nuestro cerebro que nos transmite una sensación de recompensa y placer.

Si esta situación refleja un claro problema relacionado con la alimentación, mayor es su gravedad en niños y adolescentes en el que las costumbres y los hábitos se construyen en función del entorno al que se exponen. Además, si comenzamos a ser obesos desde jóvenes, tenemos mayor riesgo de continuar siéndolo en adultos y comenzar con otras patologías crónicas relacionadas más pronto.

                         

 

Un nuevo estudio publicado en diciembre de este mismo año en la revista Childhood Obesity ha demostrado en un grupo de adolescentes obesos como su adicción a la comida en caso de que tener los síntomas, era un claro factor de fracaso a la hora de adherirse a un programa para pérdida de peso y mejora de hábitos alimentarios.

Además, evaluó la prevalencia de adolescentes obesos con adicción a la comida, obteniendo un resultado del 30,7%, un valor elevado. Aquellos que presentaban más síntomas de adicción también lo tenían de depresión o impulsividad y su apetito solía ser mucho mayor. Uno de los grandes problemas que plantea esta situación es que la adicción se mantiene en un gran porcentaje de los mismos al ser adultos y el cambio de sus hábitos o conductas es complejo.

 


Los productos ultraprocesados y su relación con el sobrepeso y obesidad desde edades tempranas es un grave problema en nuestra sociedad actual que debe resolverse desde la educación nutricional, la concienciación de la población y el tratamiento en caso de que sea necesario, de la adicción a estos productos.

Su sustitución por alimentos naturales o procesados saludables (yogur, cereales integrales…) es la clave para mejorar los hábitos alimentarios y llevar un estilo de vida más sano.


 

Referencia bibliográfica:

-          Connie L. Tompkins, PhD, Jennifer Laurent, PhD, FNP-BC, and David W. Brock, PhD. Food Addiction: A Barrier for Effective Weight Management for Obese Adolescents. Childhood, 2017;;13(6):462-469. DOI: 10.1089/chi.2017.0003

Artículo redactado por Andrea Calderón, dietista-nutricionista.

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