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 La publicidad de alimentos insanos, un riesgo para los niños

 
 

 02/01/2018


Los anuncios en televisión de productos ultraprocesados destinados para niños siguen suponiendo un grave problema social y sanitario que afecta a millones de niños de todas las edades a diario.


Vivimos en un entorno obesogénico y de consumismo en el que allá donde vayamos encontraremos publicidad de productos procesados insanos, muchos de ellos destinados a un público peculiar, la infancia. Los niños diariamente tienen contacto con la publicidad de gran variedad de estos productos acompañados de dibujos animados divertidos, famosos a los que admiran o afirmaciones sobre los beneficios que les proporcionarán… por lo que finalmente están deseosos de tenerlos y reclaman su consumo. Debemos tener en cuenta que los niños son un público fácilmente influenciable, en edad de adquirir los hábitos y rutinas que les acompañarán en la etapa adulta, y con menor capacidad de distinguir entre que decisiones serán las más saludables.

El problema es cada vez mayor porque desde edades más tempranas, los niños tienen acceso a diferentes tecnologías como móviles o tablets cargadas de publicidad alimentaria. Los investigadores advierten la necesidad de una regulación más rigurosa de los anuncios de comida destinados a los niños en la televisión, entre ellos la española.

El 71% de los niños comen delante de la televisión y ven los anuncios diariamente.

 

Son ya varios países los que han adoptado medidas relacionadas con el control de la industria alimentaria y la regulación de la publicidad destinada a los niños aunque por el momento se presentan insuficientes para combatir el altísimo consumo de estos productos.

En el año 2016, se publicó un estudio de la Universidad de Granada junto al Hospital Universitario de San Rafael en el que concluían un total de 1263 anuncios de comida ultraprocesada en canales frecuentados habitualmente por niños en tan solo 256 horas de emisión.

La mayoría de estos productos publicitados son: altos en calorías pero bajos en nutrientes, ricos en azúcares, harinas refinadas, grasas procesadas industrialmente, sal y aditivos; es decir, lo contrario a lo que sería recomendable en la dieta habitual de un niño o de cualquier persona pese a que su marketing nos confunda con lo contrario.

Dos nuevos estudios publicados este mismo mes, ha evaluado los anuncios televisivos destinados a comida en Estados Unidos, elevados incluso en las empresas que se comprometieron a adherirse a la Iniciativa de Publicidad de Alimentos y Bebidas para Niños (siglas en inglés: CFBAI). Concluyendo el exceso de anuncios de comida insana destinado a niños (incluyendo los menores de 6 años que tienen un menor criterio de decisión) y la posibilidad de que las marcas anunciadas en televisión son las elegidas por los niños, y a su vez, las más pobres nutricionalmente.

De hecho, un estudio publicado este año en The Lancet calculó que los niños reciben anualmente 7.500 mensajes destinados a que coman productos no saludables. Lo hacen sobre todo atribuyéndolos resultados milagrosos o imposibles, con emociones positivas, destacando su contenido en alguna vitamina o mineral que no compensará su pésima composición nutricional…  Otra cuestión es como muchos de estos mensajes consiguen convencer a los padres que buscan lo mejor para la alimentación de sus hijos.

Por supuesto, estos resultados guardan relación con las tasas de sobrepeso y obesidad cuya prevalencia es cada vez mayor. Junto a ellas, el aumento de enfermedades crónicas características de adultos que comienzan con una aparición más temprana de lo habitual. La disminución de estos anuncios podría resultar en una clara disminución de las mismas según diversas investigaciones científicas.

           

 

La OMS publicó en el año 2015 un informe que exponía los límites nutricionales que podía contener un producto para publicitarse a niños: 15g de azúcar/100g, 1,6g de sal y 10g de grasa; lo que no debe confundirse con que si tiene estas características ya es saludable en absoluto. De hecho, no solo depende de estos 3 parámetros sino de otros muchos más el evaluar la calidad nutricional de un producto. Siguiendo sus premisas, la mayoría de los productos (bollería, galletas, cereales azucarados, refrescos…) deberían retirar su publicidad del mercado.

En España, contamos además con el código PAOS que se inserta dentro del marco de la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad) del Ministerio de Sanidad y Consumo de España vigente desde el año 2005. Este código contiene un conjunto de reglas a seguir en los mensajes publicitarios de sus productos por las empresas alimentarias destinadas a niños menores de 12 años en la TV o de 15 años en otros medios (móvil…) que se comprometan a adherirse de forma voluntaria.

Dentro de los criterios a seguir encontramos algunos como: no minusvalorar hábitos saludables, la importancia de una dieta sana y la actividad física; no fomentar hábitos de vida sedentarios o no saludables ni el consumo excesivo de ningún producto; no inducir a confusión en los niños, utilizar mensajes claros y concisos, no utilizar violencia o anuncios que puedan asustarles…; no hacer un llamamiento directo a su compra o consumo ni hacerles creer que obtendrán resultados incoherentes si lo consumen; no explotar a personajes famosos o dibujos admirados por los niños para que anhelen el producto…

 Se ha revelado como un instrumento útil que ha conseguido sus frutos en los años que lleva vigente, pero en el que queda mucho camino por recorrer y puntos que redefinir o hacer más estrictos.


Un mayor control en la publicidad infantil de productos alimentarios insanos junto a la promoción de hábitos de vida saludables, concienciación y educación nutricional desde las primeras etapas de vida es fundamental para mejorar la alimentación de nuestros niños y adherirlos a costumbres sanas.


 

Noticia redactada por Andrea calderón, dietista-nutricionista.

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