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 El exceso de grasa corporal y la diabetes, dos importantes causas del cáncer.

 
 

 17/01/2018


El 5-6 % de los cánceres detectados durante el año 2012 son atribuibles al exceso de grasa corporal y la diabetes.


La forma de vida que llevamos a día de hoy, el exceso calórico, el abuso de productos ultraprocesados bajos en nutrientes de calidad, y el sedentarismo, han convertido la obesidad en la llamada ``Epidemia del siglo XXI´´. Junto a ella, arrastramos el resto de enfermedades crónicas: diabetes, colesterol elevado… y un aumento del riesgo de cáncer.

Un reciente estudio publicado en la revista The Lancet así lo ha concluido. De hecho, han conseguido relacionar ambos factores con 12 tipos de cánceres distintos con mayor o menos probabilidad, diferenciando por sexo, edad y área geográfica. Para su desarrollo, han utilizado los datos obtenidos de GLOBOCAN del año 2012 en 175 países con distinto grado de desarrollo.

Como resultado obtuvieron que entre un 5-6% de los cánceres se podían atribuir al IMC (Índice de Masa Corporal) elevado o a la Diabetes, siendo el doble de casos los relacionados con el porcentaje de grasa elevado que con la diabetes. Por supuesto que aquellos que combinaban ambos factores, tenían un riesgo aun mayor.

Los dos cánceres más vinculados fueron el de hígado, representando el 25% del total de los casos atribuibles; y el de endometrio con un 38,7%. Si tenemos en cuenta que el cáncer de hígado fue el más prevalente en hombres seguido del colorrectal, y el cáncer de endometrio junto con el de mama en mujeres, es fácil concluir la importancia que representan.

                            

¿Por qué existe esta relación?

Los cambios que promueven en nuestro organismo enfermedades como la obesidad o la diabetes pueden aumentar el riesgo de proceso relacionados con la carcinogénesis por distintos mecanismos: inflamación del organismo, desequilibrio de hormonas sexuales como los estrógenos, acumulación excesiva de grasa, factores proinflamatorios, alteración del sistema inmune…

¿Dónde sucede?

Tras la diferenciación por áreas geográficas, pudieron extraer que en los países ricos occidentales, la prevalencia de varios tipos de cánceres y entre ellos de hígado y de endometri, era mayor. Seguido de ellos, encontramos el este y sudeste asiático. La forma de alimentación llevada en los países más desarrollados, basada en excesos calóricos y en un alto consumo de productos ultraprocesados, son uno de los principales detonantes de que estos países tengan la incidencia mayor tanto de obesidad y diabetes, como de cáncer.

En cambio, es países con menor nivel de ingresos hubo una menor tasa, aunque también significativa. Además, en muchos casos debemos tener en cuenta de que tienen menos medios para su tratamiento por lo que su curación es más compleja. De una forma u otra, se espera que tanto las tasas de sobrepeso y obesidad como patologías relacionadas aumenten en los próximos años.

                             

 

¿Qué podemos extraer de este estudio?

La importancia de este estudio reside en la reflexión a la que debería invitarnos y las medidas que deberíamos tomar. La educación nutricional y sanitaria desde la prevención y la Atención Primaria es fundamental para la concienciación a nivel comunitario de la importancia de cuidar la alimentación y llevar una vida activa y saludable. La implementación de talleres para alimentarse de forma saludable, controlar el peso y ser conocedores del riesgo que conlleva una vida insana, puede contribuir a reducir las tasas de sobrepeso y obesidad mundiales. Actualmente, los valores se encuentran en más de 2 mil millones de adultos con sobrepeso u obesidad y más de 422 millones de personas con diabetes tipo II.

¿Cómo podríamos prevenirlo?

  • Lo primero sería basar nuestra dieta en alimentos naturales o procesados saludables (yogur, cereales integrales…) cuya calidad nutricional es elevada. Entre ellos encontraríamos: frutas, verduras y hortalizas, legumbres, cereales integrales, frutos secos naturales o tostados (no salados ni fritos), carne de calidad y sin procesar, pescado, huevo, lácteos sin azúcares u otros ingredientes añadidos y tubérculos.
  • Nos importa más la calidad de las calorías que ingiramos que el número final, pero es lógico que debemos consumir aproximadamente las calorías que gastamos. Un exceso de calorías, provengan de donde provengan, terminarán convirtiéndose en un exceso de grasa corporal que nuestro cuerpo no ha podido utilizar y ha almacenado.
  • A su misma vez, deberíamos reducir el consumo de productos ultraprocesados, ricos en azúcares, grasas procesadas, harinas refinadas, sal… que fomentan el sobrepeso de manera directa. Debemos distinguir entre ellos: embutidos, carnes procesadas, cereales, galletas y bollería procesada, platos precocinados, refrescos, alcohol… Siendo la mejor forma para detectarlos la lectura del etiquetado nutricional (especialmente de la lista de ingredientes).
  • Junto a la dieta, la actividad física tanto aeróbica como anaeróbica contribuyen a mantener el peso adecuado, perder grasa si es necesario y mantener la masa muscular a la par.

De esta forma, conseguiremos mantenernos sanos, mejorar parámetros si lo necesitamos (colesterol, glucemia en sangre...) y prevenir enfermedades crónicas futuras. No debemos olvidar que entre un 30-35% de los cánceres tienen cierta asociación con la alimentación, por lo que en nuestras manos está la elección de las opciones más saludables y la prevención desde las edades más tempranas.

                         

 

Referencia bibliográfica principal:
 - Pearson-Stuttard J, Bin Zhou B, Kontis V, Bentham J, Marc J Gunter, Majid Ezzati. Worldwide burden of cancer attributable to diabetes and high body-mass index: a comparative risk assessment. The Lancet, 2017; 0,0. DOIhttp://dx.doi.org/10.1016/S2213-8587(17)30366-2

Noticia redactada por Andrea Calderón, dietista-nutricionista.

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