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 La leche materna: el mejor alimento para el bebé.

 

Image courtesy of FreeDigitalPhotos.net

 

 26/11/2012

 


Composición de la leche materna.
 
La leche secretada tras el calostro y hasta aproximadamente las dos semanas, momento en que aparece la leche madura, se denomina leche de transición. Durante esta etapa se registra un aumento brusco en la producción de leche que depende, como ya hemos mencionado anteriormente, de la frecuencia y duración de las tomas del lactante. De ahí las recomendaciones actuales de amamantar al bebe "a demanda", para que la producción láctea sea la adecuada para cubrir sus necesidades nutricionales y de crecimiento.

 

Una composición variable.
 
Lo cierto es que la composición de la leche varía a lo largo de la toma, disminuyendo con el tiempo la concentración de inmunoglobulinas, de proteínas totales y de vitaminas liposolubles y aumentando la de lípidos y vitaminas hidrosolubles además del contenido calórico total.
 
La leche del comienzo de la toma, denominada foremilk en ingles, tiene un aspecto más acuoso y suele ser más rica en lactosa, mientras que la del final (hindmilk) se caracteriza por ser más densa y tener más cantidad de grasa.
 
La importancia de amamantar "a demanda" radica en que el lactante ha de obtener todos los nutrientes, por eso es necesario agotar la leche de un pecho antes de pasar al otro, respetando los tiempos que el lactante necesite.
 
 
Foremilk vs hindmilk Copyright: AIMI (Asosiasi Ibu Menyusui Indonesia, www.aimi-asi.org)
 
 
Carbohidratos.
 
La lactosa es el carbohidrato mayoritario de la leche materna. La lactosa está  formada por glucosa y galactosa (dos azúcares por lo que la denominamos 'disacárido'). Este disacárido juega un papel muy importante en la producción de la leche, ya que dicha producción esta directamente relacionada con la cantidad de agua y esta, a su vez, depende de la capacidad de síntesis de lactosa. La lactosa es, por tanto, el componente de la leche cuya concentración se mantiene más estable.
 
La lactosa es hidrolizada por enzimas: la β-galactosidasa o lactasa que se encuentra en el intestino del neonato, constituyendo su principal fuente de energía, pero a la vez, siendo capaz de producir un excedente de gas cuando las tomas son cortas y espaciadas, debido al elevado consumo de leche del principio, más rica en lactosa que en grasas. De hecho, a mayor tiempo entre tomas, mayor cantidad de lactosa al inicio de la misma, y a menor tiempo entre las tomas, mayor cantidad de lípidos.
 
Recordemos que la leche al comienzo de la toma es más aguada y la cantidad de agua está en directa relación con la de lactosa.
 
 
La grasa de la leche.
 
Los lípidos de la leche constituyen algo más del 50% de su aporte calórico. Su perfil comprende, mayoritariamente, triacilglicéridos, aunque también, en pequeñas proporciones, fosfolípidos y colesterol. La composición en ácidos grasos de los triacilglicéridos varía en función de la dieta materna, aunque este tema necesitaría una profundización a parte...
Tras el nacimiento, los lípidos contenidos en la leche materna son la fuente de grasa para las reservas adiposas del recién nacido, ya que su organismo no es capaz de metabolizarlas y utilizarlas como fuente de energía hasta pasados los primeros días.
 
 
Proteínas.
 
Otro componente mayoritario de la leche son las proteínas, las cuales tienen el perfil de aminoácidos esenciales más apropiado para el crecimiento y desarrollo del recién nacido. De hecho, la leche materna tiene el valor biológico más elevado que podemos encontrar entre todos nuestros alimentos.
Las proteínas más abundantes son las caseínas, que se estructuran en forma de micelas y son así fáciles de digerir en el intestino del lactante.
 
 
Minerales.
 
Los minerales que se encuentran en mayor cantidad son el calcio y el fósforo, necesarios para el rápido crecimiento de los huesos y el desarrollo de otros tejidos del recién nacido.
 
 
Otras substancias.
 
Además de estos componentes mayoritarios, la leche y el calostro proporcionan también una gran variedad de sustancias bioactivas, como la lisozima o la lactoferrina.
 
 
¿Bacterias en la leche materna?
 
Sin embargo, uno de los componentes más importantes y menos estudiado de la leche materna es su flora bacteriana (microbiota). De hecho, hasta hace pocos años, se consideraba que la leche materna era estéril. A día de hoy, estudios científicos recientes realizados en diversas partes del mundo han puesto de manifiesto la presencia de un gran numero y variedad de bacterias en la leche de mujeres sanas, por lo que parece lógico considerar que tales bacterias no son el resultado de una mera contaminación de la leche sino que realmente constituyen la población microbiológica natural de la misma.
 
Más recientemente, la aplicación de métodos moleculares, aquellos que no requieren del cultivo previo de los microorganismos, ha confirmado que la leche materna es una valiosa fuente de estafilococos, estreptococos y bacterias lácticas, incluyendo enterococos. Además, algunas bacterias Gram-negativas, como Escherichia coli, también están considerablemente extendidas en la leche humana.
 
Este último hecho no debe considerarse extraño ya que la microbiota del intestino del lactante suele ser un fiel reflejo de la microbiota existente en la leche de su madre, y estudios científicos recientes han revelado que E. coli puede encontrarse entre las primeras especies que colonizan el intestino neonatal.
 
Sin embargo, el número de especies bacterianas existentes en la leche de mujeres sanas es bastante bajo, aunque puede ser muy diferente de una mujer y otra. De este modo, la leche de cada mujer tiene una composición bacteriana única, al igual que sucede con la microbiota intestinal de niños y adultos.
 
De hecho, y aunque el origen de las bacterias presentes en la leche humana es objeto de controversia, publicaciones relativamente actuales sugieren que, al menos una parte de las bacterias comensales existentes en la leche materna, podrían proceder de la microbiota intestinal de la madre y accederían al epitelio de la glándula mamaria a través de la denominada ruta enteromamaria. Algo tremendamente interesante ya que favorecería el mantenimiento de una microbiota similar en las parejas madre/hijo.
 
La leche materna es uno de los elementos de mayor entidad en la instauración y el posterior desarrollo de la microbiota intestinal del neonato ya que, dada la elevada cantidad ingerida por el lactante, este fluido es la fuente mayoritaria de microorganismos durante todo el periodo de lactancia.
 
 
 
Referencias
 
  • Heikkilä, M.P., Saris, P.E.J. Inhibition of Staphylococcus aureus by the commensal bacteria of human milk. J. Appl Microbiol 2003, 95: 471-478.
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  • Martin, R., Heilig, H.G., Zoetendal, E.G., Jimenez, E., Fernandez, L., Smidt, H., Rodriguez, J.M. Cultivation-independent assessment of the bacterial diversity of breast milk among healthy women. Res Microbiol 2007, 158: 31-37.
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  • Reviriego, C., Eaton, T., Martin, R., Jimenez, E., Fernandez, L., Gasson, M.J., Rodriguez, J.M. Screening of virulence determinants in Enterococcus faecium strains isolated from breast milk. J Hum Lact 2005, 21, 131-137.
 
 
- Autor:
Dra. Carlota Reviriego Herráez.
Asociada SEDCA
 

 

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