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 Un producto integral no siempre es un producto saludable.

 

Image courtesy of dusky FreeDigitalPhotos.net

 

 22/02/2013


Muchos de los productos comerciales hechos a base de cereales integrales, generalmente para el desayuno, poseen también grandes cantidades de azúcares que los hacen más calóricos. Los expertos recomiendan leer el etiquetado completo de estos alimentos para elegir con conocimiento aquellos más sanos, es decir, con más fibra, menos grasa y menos azúcar.


 

Un cereal integral, es aquel que no ha sido sometido al proceso de refinado que consiste en eliminar la cobertura externa del grano, la cual es muy rica en fibra y vitaminas.

Es cierto y está demostrado por numerosos estudios, que el consumo habitual de cereales integrales evita la ganancia de peso y reduce el riesgo de padecer enfermedades de tipo cardiovascular y diabetes. En base a esto, el Departamento de Agricultura del Gobierno de los EE.UU., en el año 2010, publicó unas recomendaciones dietéticas en las que se registran la necesidad de consumir, al menos, tres porciones de cereales integrales al día. Así mismo, sus normas nacionales de comedores escolares requieren que, mínimo, la mitad de los cereales empleados en los menús infantiles deben ser de tipo integral.

 

Para conseguir esos beneficios, lo ideal es comer directamente el cereal completo, como puede ser el arroz integral. Sin embargo, esto es poco habitual y lo que la población suele consumir son los productos comerciales elaborados con cereales integrales que se compran en los supermercados.

Respecto a estos productos, según las normativas estadounidenses, podrán tener el sello de “integral” en su embalaje (en inglés “whole grain”), si contienen al menos 8 gramos de cereales integrales por porción de producto. En tal caso, estos cereales integrales encabezarán la lista de ingredientes en el etiquetado. Sin embargo, este tipo de etiquetado puede conducir a engaños, pues un alimento con cereales integrales puede tener otros componentes que contrarresten sus beneficios.

Que un producto esté elaborado con cereales integrales no significa necesariamente que sea un producto saludable. Seguramente su contenido en fibra y vitaminas sea mayor, pero hay que atender al resto de ingredientes del producto. Muchos de ellos, poseen grandes cantidades de azúcares y grasas que, a pesar de catalogarlo como un producto integral, hacen que no sea adecuado para una dieta saludable si se consume habitualmente. Este es el caso de muchos productos comerciales para el desayuno.

 

A este respecto, este mismo mes de Febrero se ha publicado en la revista Public Health Nutrition, una investigación liderada por la Dra. Rebecca Mozaffarian de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (EE.UU.). En ella, se han estudiado más de 545 productos alimenticios basados en cereales: pan, panecillos, muffins, cereales, galletas, barritas de cereales o muesli y snacks o aperitivos. Analizaron su contenido nutricional, los ingredientes que lo componían y la presencia o ausencia del sello de “producto integral” en sus paquetes o envoltorios.

Los resultados son alarmantes y es que se ha demostrado que estos productos que llevaban el sello de “integral” si tenían mayor contenido en fibra y menos en grasas de tipo trans, pero también mayor contenido en azúcares y, por tanto, mayor cantidad de calorías totales.

 

Dada la elevada cantidad diaria de carbohidratos refinados que se consumen actualmente y su probada relación con las enfermedades como la diabetes o la obesidad, los investigadores creen que debería ser una prioridad de salud pública cambiar las normativas de etiquetado de estos productos con la finalidad de permitir a los consumidores hacer elecciones más sanas: “debe alcanzarse un criterio unificado para identificar productos saludables con hidratos de carbono de alta calidad”.

 

Referencia:

Mozaffrian et al. Identifying whole grain foods: a comparison of different approaches for selecting more healthful whole grain products. Public Health Nutrition, 2013. Online January (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23286205)

 

Noticia elaborada por Dña. Noemí López-Ejeda (Asociada SEDCA) @LopezEjedaN

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