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 El consumo de productos ultraprocesados aumenta el riesgo de mortalidad prematura en un 62%

 
 

 27/05/2019


Un nuevo estudio publicado hoy mismo en la revista The British Medical Journal ha vuelto a concluir los alarmantes riesgos para la salud que supone el consumo elevado de productos ultraprocesados de forma habitual en nuestra dieta.


Este estudio forma parte de la cohorte del proyecto SUN (Seguimiento de Universidad de Navarra) que analiza el estilo de vida y la calidad dietética de adultos españoles, y su repercusión en la salud y su estado nutricional. Específicamente en este estudio se ha evaluado el consumo de productos ultraprocesados de una muestra de 19.899 participantes de edad adulta, con una media de 38 años.

 Se considera como producto ultraprocesado, aquellos que han sido procesados por la industria y cuya calidad nutricional es baja. Los requisitos que cumplen en su mayoría son: ser fuente muy alta en calorías, pero con baja densidad nutricional; ser ricos en azúcares añadidos, en grasas refinadas (de girasol, palma, palmiste...), en harinas blancas o refinadas, y otros ingredientes como la sal y aditivos. Dentro de la categoría de ``productos ultraprocesados´´ incluiríamos: dulces, galletas, bollería, cereales azucarados, refrescos de cualquier tipo, néctares, precocinados, pizzas, carnes procesadas, fiambres, salsas comerciales, helados, comida rápida... Cuyo consumo debería ser ocasional y esporádico, siendo la mejor recomendación: ``cuanto menos, mejor´´.

Los productos ultraprocesados se han asociado según la bibliografía científica con la mayoría de las enfermedades crónicas o enfermedades no transmisibles (ENT) de incidencia y prevalencia tan elevada a nivel mundial en la actualidad: patología cardiovascular, hipertensión arterial, colesterol y triglicéridos elevados, obesidad, diabetes, osteoporosis, cánceres, enfermedades neurodegenerativas...

Por su parte, la OMS en su informe sobre Enfermedades no transmisibles de 2018, declaró que 41 millones de muertes prematuras se deben a estas enfermedades crónicas, siendo una mala alimentación junto al sedentarismo, el tabaquismo y el consumo alto de alcohol, los principales factores detonantes.

En el presente estudio, se han analizado los resultados teniendo en cuenta factores de sesgo como el sedentarismo, si fumaban o no, la ingesta del alcohol... Y finalmente, han obtenido que el riesgo de mortalidad prematura de aquellos que consumen productos ultraprocesados 4 veces al día, es un 62% mayor que el que los consume menos de 2.

Aunque 4 raciones de ultraprocesados pueda parecer una cantidad muy alta y difícil de alcanzar, es muy habitual que se cumpla: unas galletas ``integrales o 0%´´ para desayunar con un colacao, un montadito de fiambre para media mañana, un refresco a lo largo del día, y un postre dulce como un flan, natillas o simplemente un yogur azucarado de sabores. Gran parte de la población muy probablemente consuma más de estas 4 raciones casi a diario.


 

El riesgo de mortalidad prematura de aquellos que consumen productos ultraprocesados 4 veces al día, es un 62% mayor que el que los consume menos de 2.

 


Además, por supuesto, el estudio ha encontrado que aquellos con mayores tasas de sobrepeso y obesidad, aquellos que pasaban más horas frente a la televisión y las tecnologías, o que no practicaban ejercicio físico, eran precisamente los que consumían mayor cantidad de ultraprocesados. En definitiva, tenían todavía más factores de riesgo que sumar al porcentaje obtenido en el estudio. Y aunque es difícil establecer relaciones causa-efecto, existen infinidad de estudios que corroboran estos resultados y que muestran asociaciones similares, por lo que sus efectos para la salud son claros.

 

 

Pese a todo ello, el consumo de este tipo de productos malsanos sigue siendo elevadísimo en España, especialmente en poblaciones más vulnerables como los niños y adolescentes. Se considera que su ingesta ha aumentado en un 50% en los últimos 10 años, y esta tendencia creciente todavía nos se ha estancado. La gran variedad de productos que nos ofrecen, sus precios bajos en relación con otros alimentos de primera necesidad, el alto grado de palatabilidad, y el fácil acceso y consumo, son los principales factores que nos incitan a consumirlos con asiduidad. Por no olvidarlos de las campañas de publicidad y marketing tan potentes que tienen, muchas veces dando lugar a confusión en cuanto a la calidad nutricional del producto. Es habitual creer que estamos consumiendo un producto sano cuando realmente no lo es, gracias a conceptos como: 0%, light, fuente de fibra o de nutrientes, bajo en grasa, integral... O publicidad engañosa que nos incita a pensar que el consumo de producto malsano será positivo para nuestra salud.

La concienciación de la importancia de reducir el consumo de estos productos en sustitución de alimentos de interés: frutas, verduras, frutos secos y semillas, cereales integrales... es primordial para mejorar la calidad de la dieta de la población y detener el crecimiento de las tasas de sobrepeso y obesidad, que no solo no frenan, sino que no paran de crecer.

Un estudio de Simmonds y colaboradores (2016) prevee que el 55% de los niños con obesidad se convierten en adolescentes obesos, de los cuales el 80% seguirá siéndolo al cumplir los 18 años y el 70% pasados los 30 años. Razón de más para considerar a la obesidad como La epidemia del siglo XXI, y al consumo tan elevado de productos ultraprocesados junto al sedentarismo, factores de riesgo frente a los que debemos luchar.


 

El 55% de los niños con obesidad se convierten en adolescentes obesos, de los cuales el 80% seguirá siéndolo al cumplir los 18 años y el 70% pasados los 30 años.

 


 

RECORDEMOS QUE NUESTRAS ELECCIONES ALIMENTARIAS EN EL DÍA A DÍA PUEDEN SER FACTORES PROTECTORES PARA NUESTRA SALUD O DE RIESGO, Y QUE UNA U OTRA OPCIÓN DEPENDE DE NOSOTROS.

                     

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