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 RESPECTO AL POLÉMICO ESTUDIO SOBRE EL CONSUMO DE CARNE ROJA Y PROCESADA

 
 

 02/10/2019

Por si la población no tuviera suficiente bombardeo de noticias de nutrición contradictorias que: les confunden, les equivocan, les hacen no saber qué es mejor opción para alimentarse, les vuelven locos... Ahora llega un nuevo estudio publicado ayer en la revista Annals of Internal Medicine, que nos dice que el consumo  de carne roja y de carne procesada (fiambres, embutidos, salchichas, preparados cárnicos...) no debe reducirse en población general, y que su inclusión en la dieta habitual no supone un problema para la salud.

Cada vez es más lógico que la gente piense eso de: ``Ya no se puede comer de nada´´, o que pregunten constantemente a los dietistas-nutricionistas: ``Y yo, ¿qué puedo comer ya?´´. Después de años trabajando conjuntamente todos los profesionales sanitarios en la promoción de hábitos alimentarios saludables y en que se reduzca el consumo de carne roja, y, sobre todo, de carne procesada, que es la más dañina para la salud, llega un estudio cuyo titular es bastante apetecible para los medios de comunicación y vuelve a desatar la batalla.

 


El estudio en cuestión se titula ``Nuevas recomendaciones: no hay necesidad de reducir el consumo de carne roja y procesada.´´, y ha sido desarrollado por 14 científicos internacionales. El estudio se basa en un conjunto de 5 metaanálisis empleados para concluir la evidencia que hay entre el consumo habitual de carne roja y procesada, y los efectos en la salud, y así posteriormente, transformarlo en recomendaciones votadas por los participantes en la investigación.

 

                                                 

 

La conclusión del estudio es que no encuentra necesidad en promover un consumo menor ni de carne roja ni de carne procesada. Entonces mantiene la recomendación de poder mantener un consumo de 3-4 raciones de media a la semana, que generalmente en gran parte de la población son incluso más. El estudio no descarta que existe evidencia de que su consumo puede ser perjudicial para la salud y aumentar el riesgo de enfermedades crónicas, pero declara que considera que la evidencia es demasiado limitada como para concluir que haya que bajar su consumo.  De hecho, los propios estudios que emplean, algunos de ellos concluyen relaciones negativas entre aumentar el consumo de carne roja y procesada, y algunas patologías. Aún así, todas sus recomendaciones y conclusiones únicamente sugieren con evidencia baja que se mantenga este consumo, sin establecer consejos de mayor peso.

No olvidemos que la IARC (Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer ) de la OMS declaró que la carne roja consumida de forma habitual era un ``posible carcinógeno´´ con evidencia limitada, pero que la carne procesada era claramente un carcinógeno con evidencia alta, cuyo consumo debía reducirse en todos los casos. Sobre todo esta asociación se vio con el cáncer colorrectal, seguidamente del cáncer de estómago con una evidencia más limitada.

Por su parte, otras autoridades no se han quedado atrás recomendando reducir el consumo de ambos tipos de carne, siempre destacando la mayor importancia de bajar la carne procesada. Algunas como el Instituto Americano de Investigación del Cáncer, las recomendaciones oficiales de Reino Unido, la Asociación Americana del Corazón,  o los investigadores de la Universidad de Harvard entre otros, mantienen su posición de la necesidad de limitar la presencia de estas carnes en la dieta habitual.

 


El principal problema no es que se diga que se puede consumir carne roja puntualmente o alguna vez introducir carne procesada en la dieta; sino que se transmita de una forma que invita a la población a continuar consumiéndola mucho más tranquilos, y con menor conciencia de sus efectos si consumen más de la cuenta. Es más preocupante la manera en la que los medios vayan a transmitir esta información al público general que no va a entrar a leer el estudio con detenimiento, que las conclusiones del propio estudio en sí. Por lo que creemos fundamental que la población NO considere este estudio como que a partir de ahora puede retomar un consumo de carnes que estaba intentado reducir, o que ahora puede consumirlas con mayor seguridad.

 

Por otro lado, el propio estudio aclara en su metodología, que en ningún caso se han tenido en cuenta consideraciones éticas o del impacto medioambiental que supone un consumo excesivo de carne, tal y como sucede a nivel mundial en la actualidad. Consideramos que valorar conjuntamente la salud de las personas, con la salud de nuestro planeta, es imprescindible previo a cualquier recomendación dietética.

Recordemos que uno de los factores clave por lo que deberíamos reducir la presencia de tanta carne en nuestra alimentación, además de porque se ha aumentado su consumo medio en la última década por tres , es porque su impacto ambiental es muy alto, y se han demostrado grandes beneficios en la sostenibilidad si cada uno de nosotros redujera al menos un poco su consumo. Simplemente un kilogramo de proteína procedente de carne de ternera supone respecto a 1 kilogramo de proteína procedente de legumbres: 18 veces más de tierra, 10 veces más de agua, 9 veces más de combustible, y x10-x12 veces fertilizantes y pesticidas.

 


En conclusión, nuestra recomendación sería mantener el consejo anterior a la publicación de estas contradictorias y cuestionables recomendaciones, que sería de:

  1. Priorizar siempre la carne magra respecto a la carne roja: carne de pollo, pavo, conejo.... y retirar la grasa visible cuando sea posible.
  2. Reducir el consumo de carne roja como la carne de vacuno sobre todo, a no más de 1 ración a la semana.
  3. Consumir ``cuanto menos, mejor, la carne procesada: embutidos, fiambres, salchichas, burguer meat, preparados cárnicos... y similares.

 

 

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