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 ACNÉ Y ALIMENTACIÓN

 
 

 10/08/2020

Introducción al acné

El acné es considerado una enfermedad inflamatoria crónica o temporal de carácter dermatológico  caracterizada por la inflamación de las glándulas sebáceas, y consecuente aparición de granos y espinillas, fundamentalmente en la cara, cuello, pecho y espalda. En casos más graves pueden aparecer también protuberancias más profundas como quistes, pústulas y  nódulos, pero su frecuencia es mucho menor. Normalmente el acné es benigno y temporal, pero puede llegar a crear cicatrices permanentes, y en algunos casos trastornos psicológicos asociados a la imagen del individuo.

El acné es multifactorial ya que puede deberse a multitud de causas: la edad (comúnmente aparece en adolescencia y juventud), el estrés y la ansiedad crónica, la regulación hormonal, el ciclo menstrual en la mujer, el tipo de piel (asociado a piel más grasa), productos utilizados en la piel y limpieza facial, la proliferación bacteriana de dos microorganismos característicos de la flora bacteriana Corinebacterium acnes y Propionibacterium acnes... y el estilo de vida destacando la alimentación.

De hecho, es curioso como la población occidental padece entre un 80-90% acné en algún momento de su vida, siendo un dato mucho más reducido en orientales, posiblemente debido en gran medida al estilo de ida entre otros como la genética.

La frecuencia de aparición es mayor en edades más tempranas (entre los 12 y 20 años), y, aunque no se encuentran diferencias significativas entre sexos, es más común y de más temprana aparición en mujeres. Lo que sí está claro es que tiene un fuerte componente hereditario.

En este post vamos a hablar concretamente de la asociación entre el acné y la alimentación.

Acné y patrón dietético:

Actualmente contamos con un amplio historias de estudios científicos que relacionan nuestro patrón dietético con el mayor riesgo de aparición de acné y viceversa.

Nuevo estudio JAMA, 2020:

Un nuevo estudio publicado en JAMA hace apenas unos días concluía que el consumo habitual de refrescos azucarados y productos grasos de baja calidad nutricional se relacionaban con una aparición mayor de acné. Además, un patrón dietético alto calóricamente, en el que priman productos altos en azúcares, grasas y calorías, como productos ultraprocesados, se relacionaba claramente con más riesgo de desarrollar acné. Además, aunque con menor significación, el estudio encontró como un consumo alto en lácteos, concretamente de leche, también aumentaba el acné.

 El estudio contaba con casi 25.000 participantes procedentes de una cohorte francesa de todas las edades que completaron un exhaustivo cuestionario sobre el acné y su patrón alimentario: ingesta calórica y de nutrientes media diariamente, frecuencia de consumo de distintos grupos de alimentos, calidad de los productos consumidor habitualmente...

Ya otros estudios recientes anteriores apuntaban a estas mismas conclusiones trabajando con metodologías y tipos de población muy diversas.

Otros estudios destacados:

Destacamos un metaanálisis de 14 estudios publicado en 2018 en Nutrients sobre la relación del acné y la dieta, especialmente el consumo de lácteos. La revisión concluía que cualquier tipo de lácteo: leche (entera y desnatada), yogur y quesos, se relacionaba con mayor prevalencia de acné en personas de entre 7 a 30 años de edad.  

Dentro de los lácteos, parece que la leche se asocia con mayor riesgo de acné que otros lácteos, aunque los resultados varían según los estudios. Los quesos, especialmente aquellos más grasos, también tuvieron mayor relación con el acné que otros productos lácteos como fermentados (yogur). La mayoría de los estudios encuentra asociación con la aparición de acné a partir de tan solo 1-2 raciones lácteas al día, significativamente mayor que aquellos que no consumían lácteos o lo hacían de forma más esporádica.

Otro metaanálisis publicado en 2018 en Clinical Nutrition encontró asociaciones significativas entre la leche (de cualquier tipo y con cualquier aporte graso) y el acné; pero no se relacionó con derivados lácteos fermentados ni quesos.

 

Las principales causas posibles entre la asociación de acné y lácteos:

Estudios corroboran como algunos aminoácidos derivados de la leche promueven la secreción de insulina e inducen la síntesis hepática del factor de crecimiento similar a la insulina-1 (IGF-1), sugerido como un motor del desarrollo del acné, de la estimulación del crecimiento del epitelio folicular y de la queratinización de la piel. Además, otras investigaciones encuentran asociación entre el polimorfismo en el gen IGF-1, y niveles plasmáticos de IGF-1 más altos, con mayor prevalencia del acné.

Esta asociación se debe a que ambos factores son aceleradores del crecimiento de las células de la piel, haciendo que si se encuentran en cantidades excesivamente elevadas, favorezca la acumulación de estas células y de células muertas, junto con una mayor aparición de sebo (nuestro hidratante natural de la piel) por un exceso en la producción de andrógenos, generando el acné.

 

Carga glucémica de la dieta y acné

Por otro lado, algunas investigaciones encuentran asociaciones, aunque por el momento necesitan de más estudios, sobre el índice glucémico de los productos, así como de la carga glucémica de la dieta, y el riesgo de acné. Los resultados apuntan a que dietas de alta carga glucémica podrían relacionarse con más aparición de acné, sobre todo en edades tempranas. Por su parte, ensayos aleatorizados apuntan que dietas de reducida carga glucémica contribuyen a remitir los efectos del acné vulgar más rápido.

Melnik, 2015 en la revista Clinical Cosmetic Investigational Dermatology asoció el riesgo de acné con tres factores dietéticos: los lácteos, los carbohidratos hiperglucémicos (alto índice glucémico), y las grasas saturadas de baja calidad nutricional y grasas trans. Asimismo, encontraron relación entre una dieta baja en ácidos grasos de la familia omega-3 y el acné.

El posible mecanismo de acción de los carbohidratos hiperglucémicos parece seguir una vía similar a los lácteos, asociándose a una mayor secreción de insulina y del IGF-1, además de promover la secreción de algunos factores asociados a la aparición del acné y producción de sebo, y la supresión de otros que lo regularían positivamente. Los autores recomiendan una dieta controlada calóricamente, reducida en azúcares añadidos y grasas refinadas y saturadas; y rica en verduras, hortalizas, frutas y pescado entre otros.

Además, para controlar la carga glucémica de la dieta se recomienda a grandes rasgos: la reducción de azúcares añadidos de la dieta, de harinas blancas o refinadas (pasta blanca, pan blanco, cereales refinados...) especialmente. Mientras que un consumo adecuado de fibra dietética promueve un control del índice glucémico positivo.

El cacao puro o chocolate con alta pureza (<85%) no se relaciona con el acné, pero sí los preparados de chocolate cuyo contenido principal es azúcar y grasas, a diferencia de la creencia popular.

 

 

Grasas de la familia omega-3 y omega-6, y acné

Centrándonos en el aporte graso de la dieta y su calidad, estudios apuntan a que una dieta rica en ácidos grasos procedentes de la familia omega-3, y con una ingesta equilibrada en relación con la ingesta de las grasas esenciales procedentes de otra familia de ácidos grasos poliinsaturados, omega 6, se relaciona con menor desarrollo de mecanismos proinflamatorios en la piel, y, en consecuencia, mejor control del acné entre otros como: dermatitis atópica y psoriasis.

A este respecto, no hay estrategias nutricionales concretas definidas ya que la respuesta a la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados es muy variable según el individuo afectando al metabolismo de estas grasas, a su expresión génica y a su efecto en la respuesta inflamatoria del organismo. La recomendación general indicada es llevar una dieta saludable rica en grasas omega 3: pescado azul, frutos secos (destacando nueces) y semillas como la chía y el lino; mientras que reducimos el consumo de grasas vegetales refinadas procedentes de productos procesados como: galletas, precocinados, bollería, salsas, comidas fuera de casa... De esta forma, equilibraremos el ratio omega-3: omega 6 conduciéndolo hacia una tendencia antiinflamatoria.

Respecto a la suplementación con omega-3 para mejorar el acné no hay resultados claros, pero a priori no parece ser necesario, ni ofrecer resultados mayores respecto a su ingesta mediante la alimentación.

 

Microbiota y acné

Por último, numerosos estudios avalan la relación positiva entre una microbiota saludable y menor riesgo de acné; así como de disbiosis intestinal y mayor prevalencia de acné. Recordemos que una dieta saludable, junto a la práctica de actividad física, mejoran la microbiota tal y como hablamos en post anteriores.

Otros factores nutricionales y el acné

Otros estudios mencionan otros beneficios de algunos nutrientes destacando:

  • Niveles adecuados de zinc se asocian con menos acné.
  • Vitaminas como la A y la D se relacionan con una piel más saludable, y, en consecuencia, menos propensa al acné.
  • El té verde y derivados como el té matcha se asocian con menor inflamación cutánea, y menor riesgo de alteraciones de la piel.

Como conclusión, actualmente no contamos con evidencias suficientes para dar recomendaciones sólidas en la mayoría de los resultados encontramos, pero apuntan a que claramente una dieta saludable, controlada calóricamente, y con un aporte reducido en productos de baja calidad nutricional (de alta densidad calórica, azúcares, grasas, harinas refinadas...) se relaciona con menor riesgo de aparición de acné y menores complicaciones asociadas.

Asimismo, una dieta alta en azúcares, productos grasos sobre todo grasas vegetales refinadas y grasas saturadas en exceso, y lácteos se relaciona con aparición de acné en edades tempranas.


 

 

Principales referencias bibliográficas:

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Autora: Andrea Calderón García, Dietista-Nutricionista y secretaria científica de la SEDCA

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