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 DIETA Y CORONAVIRUS PARTE II

 
 

 12/07/2020

En el post anterior hablamos sobre la dieta y su relación con la covid-19 y complicaciones asociadas. En este post en concreto nos vamos a centrar en alimentos y nutrientes específicos que han demostrado beneficios para la salud de interés durante esta pandemia, para un mejor mantenimiento del sistema inmune, y prevención de patologías asociadas a la COVID-19.


Frutas y vegetales

La ingesta de frutas, verduras y hortalizas diariamente en cantidad suficiente (al menos 400g en total, preferible entre 500-800gramos) se relaciona con beneficios en asociación afecciones respiratorias e inflamatorias, gracias a sus compuestos bioactivos antioxidantes, y aporte de vitaminas y minerales.

Las frutas y verduras a su vez son fuente de fibra dietética y prebióticos de utilidad para la microbiota intestinal, a su vez relacionada con beneficios en nuestro sistema de defensas.

Pescado azul y grasas omega-3

El consumo de pescado, sobre todo de pescado azul, se relaciona con beneficios para la salud entre los que encontramos la prevención de patologías crónicas que son factores de riesgo para complicaciones por COVID-19.

A su misma vez, su aporte en grasas poliinsaturadas omega-3, destacando el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA) son antiinflamatorios a través de varios mecanismos celulares. La ingesta habitual de estos ácidos grasos pueden sustituir a los contenidos en nuestras membranas celulares contribuyendo a un mayor control en la síntesis de moléculas proinflamatorias que se encuentran más elevadas tras el contagio por coronavirus.

Por otro lado, algunos estudios apuntan la posibilidad de que también afecten a la integridad de la membrana del virus contribuyendo a su inactivación y desintegración. De hecho, las células inmunes alveolares como los macrófagos, los leucocitos, las células asesinas naturales y las células B y T liberan ácidos grasos insaturados similares en el microambiente circundante cuando son atacados por virus, incluidos el SARS-CoV-1, MERS y, potencialmente, el SARS -CoV-2.

De hecho, estudios avalan que los virus modulan el perfil lipídico del huésped a su beneficio para optimizar su replicación viral. Pero si se suplementa a la persona con ácidos grasos omega-3 entre otros, podemos revertir su acción, aunque se requiere más investigación al respecto.

 

Una revisión de más de 89 revisiones sistemáticas y metaanálisis concluyó que la ingesta de pescado en 2–4 porciones por semana se asocia con la mayor reducción del riesgo por mortalidad por todas las patologías crónicas, inclusive infecciones.

El EPA y el DHA pueden actuar como sustratos para la síntesis de mediadores lipídicos especializados como las maresinas, las resolvinas y las proteínas implicadas en reducir la replicación de virus como la gripe; además, afectan positivamente contribuyendo a reducir manifestaciones inflamatorias del virus. Si además se reduce el consumo de grasas de la familia omega-6, precursoras de prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos (moléculas proinflamatorias), se encontrará un equilibrio positivo mayor.

Otros estudios apuntan beneficios posibles mediante la suplementación con aceites de pescado y grasas omega-3, aunque los resultados actualmente son controvertidos.

El consumo de grasas omega-3 y la suplementación con aceites de pescado puede ser un objetivo terapéutico viable para el SARS-CoV-2, pero no está claro que sea efectivo contra la infección por SARS-CoV-2.

Asimismo, el pescado contiene lípidos polares con potentes efectos antitrombóticos y otros  compuestos bioactivos como los péptidos, que también pueden prevenir la trombosis, la generación de radicales libres y la hipertensión. Por lo tanto, aumentar el consumo de pescado puede proporcionar los nutrientes y las moléculas bioactivas que pueden influir en algunos de los mecanismos y complicaciones del COVID-19, como la inflamación y la trombosis. Actualmente, 2–4 g de ácidos grasos n-3 parecen ser fisiológicamente relevantes contra la hipertensión, la inflamación y la trombosis; sin embargo, incluso se han sugerido dosis más altas.

 

Vitamina C

La vitamina C o ácido ascórbico es una vitamina hidrosoluble contenida habitualmente en frutas, verduras y hortalizas. Alcanzar su ingesta recomendada en una dieta rica en vegetales es sencillo, y, además, parece que beneficioso frente a la COVID-19.

Pese a que no tiene beneficios demostrados como en la cura de resfriados tal y como se pensaba, sí que se conoce que influye en la reducción de su gravedad, y en el tiempo de recuperación. Una dosis suplementaria en periodos como enfermos de COVID-19 puede ofertar todavía beneficios añadidos, aunque normalmente no es suficiente porque con consumir 3 frutas, y 2 platos de verdura cada día superamos con seguridad el 100% de las Ingestas Diarias Recomendadas. Actualmente la evidencia es débil en relación con la utilidad de la vitamina C contra las infecciones por COVID-19.

 

Vitamina D

Los datos sobre la vitamina D y la función inmune son los más demostrados en relación a un micronutriente y nuestras defensas. De hecho, es uno de los más estudiados frente a la COVID-19, siendo motivo de otro post.

Como adelanto podemos afirmar que la vitamina D reduce notablemente el riesgo de morbimortalidad por complicaciones por COVID-19. Debido a que su consumo mediante la alimentación es reducido: huevos, pescado azul, lácteos enteros y alimentos fortificados; es interesante obtenerla a través de la luz solar.

Niveles adecuados de vitamina D se asocian a menos riesgo de infecciones de las vías respiratorias, aunque no es del todo concluyente. Además, la suplementación no es necesaria para todo el mundo ya que depende de la situación inicial de esta vitamina en sangre. Lo que sí, los investigadores destacan la necesidad de que los grupos vulnerables mantengan su estado de vitamina D para reducir el riesgo de infecciones respiratorias, incluido COVID-19.

Además, estudios actuales parecen apuntar funciones inmunomoduladoras de la vitamina D que requieren ser más estudiadas para valorar su interés en la replicación viral.

En general, algunos estudios actuales concluyen que pacientes con niveles significativamente más bajos de vitamina D se relacionan con más riesgo de positivo para  SARS-CoV-2, aunque en otros los resultados no son tan evidentes. En consecuencia, se requiere más investigación antes de que se pueda hacer una determinación sobre los valores profilácticos o terapéuticos de la vitamina D contra COVID-19.

También es particularmente importante aumentar las fuentes dietéticas de vitamina D en este momento, y suplementación en muchos casos, ya que muchos están expuestos a una menor exposición solar debido al confinamiento.  

 

 Vitamina E

La vitamina E no es una única vitamina, sino que es un grupo de moléculas antioxidantes liposolubles que pueden ser: los tocoferoles y los tocotrienoles. Sin embargo, el α-tocoferol es la única forma de vitamina E reconocida. Los tocoferoles α y γ son formas abundantes de vitamina E en la dieta.

Las principales fuentes de vitamina E son: los frutos secos, las semillas, los aceites vegetales, y las verduras de hoja verde. Ingestas deficientes de esta vitamina se asocia con un deterioro de llas funciones inmunes humorales y celulares. La vitamina E puede ejercer efectos inmunoestimulantes reduciendo el estrés oxidativo, y actuando como antiinflamatorio.

La vitamina E también puede proteger los ácidos grasos poliinsaturados (AGPI), motivo por el cuál actúa en las células inmunes, porque tienen alto contenido en AGPI.

El aporte de esta vitamina es todavía más importante en ancianos con mayor incidencia de infecciones y un sistema inmune más deteriorado. No se conoce la dosis óptima frente a la COVID-19, pero se sabe a ciencia cierta que aumentar su dosis mediante la alimentación remite efectos positivos.

 

Zinc

El zinc es un mineral fundamental para el desarrollo de las células inmunes y un cofactor importante para muchas enzimas asociadas a procesos metabólicos e inmunes. La deficiencia de zinc puede contribuir a una inmunidad celular defectuosa y a una mayor susceptibilidad a diversas infecciones, incluida la neumonía.

El zinc se obtiene de multitud de fuentes alimentarias, sobre todo fuentes proteicas: carne, lácteos, legumbres, huevos..., además de poder obtenerse mediante la suplementación cuando es necesario. la ingesta de zinc suele cubrirse con facilidad, aunque el riesgo de deficiencia aumenta en población vegana y en población anciana.

No está del todo claro si el zinc puede proteger contra los efectos de las infecciones virales, aunque sí es importante para alcanzar un óptimo sistema inmune. De hecho, los suplementos de zinc y las pastillas son un remedio popular para combatir los resfriados y las enfermedades respiratorias, aunque de eficacia controvertida. Parece que sobre todo en niños reducen el resfriado en 1-2 días de duración.

En relación con el COVID-19, los datos no son concluyentes, pero se ha sugerido su utilidad para reducir la replicación viral  y problemas de las vías respiratorias inferiores.

 

Cobre

El cobre es un oligoelemento esencial que se encuentra en menor medida en los alimentos: nueces, algunos frutos secos, cereales de grano entero..., pero es esencial para mantener la integridad del ADN al prevenir su oxidación. De hecho, la deficiencia de cobre se ha asociado con alteraciones de la respuesta inmune y una mayor frecuencia de infecciones.

La deficiencia de cobre es complicada en una dieta media saludable, pero puede ocurrir después de la inflamación pulmonar inducida por TNF-α crónica, pacientes en los cuales la suplementación para contrarrestarlo puede ser interesante, aunque de momento solo se ha demostrado en ratones.

Asimismo, un exceso de cobre puede tener perjuicios para la salud humana y también a  nivel respiratorio, por lo que no se recomienda su suplementación preventiva libremente.

Si bien no se ha recomendado la ingesta dietética de cobre contra COVID-19, se ha demostrado que una ingesta de cobre de 7,8 mg / día reduce el estrés oxidativo y altera la función inmune, aunque se desconoce si esos cambios fueron beneficiosos. Por lo tanto, se requiere mucha más investigación para determinar si una mayor ingesta de cobre en la dieta puede beneficiar las funciones inmunes contra las infecciones virales.

 

Fibra dietética

La fibra dietética contribuye a la modulación de la inmunidad a través de sus efectos a nivel de microbiota y translocación bacteriana entre otros, afectando además positivamente al tejido linfoide del intestino (GALT) y reduciendo el riesgo de disbiosis.

De hecho, se ha demostrado que la ingesta de fibra aumenta la supervivencia de los ratones infectados con influenza a través de diversos mecanismos, como menor respuesta inmune, y generación de ácidos grasos de cadena corta en el colon.

Es importante valorar y aumentar el consumo de fibra, especialmente de fibra soluble aportada por: frutas, verduras y hortalizas, salvado de avena, semillas, algunas legumbres y frutos secos. Respecto al COVID-19 la recomendación es mantener su ingesta en cantidades adecuadas y suficientes.

 


En conclusión, llevar una dieta saludable juega un papel importante en la modulación de nuestra salud inmunológica y la prevención del desarrollo de patologías,

Sin embargo, existe la preocupación de que las personas que tienen deficiencia de algunos micronutrientes como la vitamina C, la vitamina D o el zinc en los que podría justificarse la suplementación o modificar sus patrones dietéticos para mantener un estado nutricional y apoyar una función inmune saludable. Esto es particularmente importante para nuestras poblaciones vulnerables como ancianos.

Del mismo modo, es primordial que procure mantener la práctica de actividad física, positiva también para el sistema inmune entre otros muchos beneficios. El ejercicio puede no ser aconsejable solamente para pacientes con COVID-19 sintomáticos, porque algunas infecciones con COVID-19 exhiben complicaciones cardíacas raras que podrían agravarse por el esfuerzo.


 

Autora: Andrea Calderón, Dietista-Nutricionista y secretaria científica de la SEDCA

 

Referencias bibliográficas principales:

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